Arte: Le peintre John Atkinson Grimshaw. Chez Sentinelle


Le peintre John Atkinson Grimshaw

John Atkinson Grimshaw (1836 – 1893) est un peintre britannique de l'époque victorienne, représentant le plus souvent des vues nocturnes ou des paysages au clair de lune.



 



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Descargas. El tambor de hojalata, (novela) Gunther Grass, (Premio Nobel)





Portada del tambor de hojalata para descargar en epub mobi y pdf

La sinopsis que sigue la envió el usuario CMW (¡muchas gracias!)



El Tambor de Hojalata es un libro escrito por el ganador del Nobel de Literatura Günter Grass. En esta obra se narra la historia de Óscar Matzerath, un joven polaco nacido durante la Segunda Guerra Mundial, cuyos hechos ocurridos en esa época lo marcaron para toda la vida, haciendo mella en su consciencia y en su capacidad de razonamiento. 



Óscar decidió a los 3 años dejar de crecer, y junto a su tambor de hojalata que le regaló su madre en su aniversario de nacimiento, se aventura en lo que él cree son las aventuras de un niño, rechazando al mundo de los adultos. Desde una perspectiva exterior, es una narración un tanto cruda y explícita de los hechos ocurridos durante la mencionada época. Además se cuentan diferentes episodios de la vida del protagonista, su nacimiento, la concepción de su madre, el inicio de la guerra, los capítulos de violencia en su entorno, así como todo lo sucedido luego del conflicto. Parte del argumento de la novela es contada desde el reclusorio mental en Gdansk, donde ha sido internado Óscar debido a sus desequilibrios. 



La obra le valió a Günter Grass numerosos reconocimientos a nivel mundial, entre los que se destaca el Premio Nobel de Literatura entregado en 1999, aun cuando fue criticado más que todo por la participación en cuerpos de seguridad alemanes durante el régimen de Hitler.



El tambor de hojalata es, sin dudas, una de las novelas más importantes del siglo XX.


Formatos disponibles:



epub - mobi - pdf 


Fuente:http://www.depocountodo.com/ 
http://www.depocountodo.com/2015/09/tambor-hojalata-epub-pdf-mobi.html

Lenguaje y escritura: Historia de las novelas nuevas Por Adam Thirlwell- Letras Libres.

Historia de las novelas nuevas

El realismo está agotado, se dice con frecuencia, y la literatura confesional anuncia una nueva revolución en la narrativa. Pero la novela no necesita huir de su propia tradición y abrazar lo real para renovarse, sino ahondar en las posibilidades de la ficción.
Septiembre 2015 | Tags: 
La novela nueva
Cada día, en todas las ciudades del mundo, un novelista principiante se plantea cómo habrá de cambiar para siempre el arte de la novela. Yo hago lo mismo. Cada día, desde mi lugar de observación llamado Londres, trato de imaginar una revolución futura, el momento en que el arte de la novela se verá deslumbrado y renovado por mis experimentos. Ahora mismo, ese objetivo futuro me parece una aventura idealizada y hasta salvaje: ¡viajes en el espacio!, ¡viajes por los mares del sur! Quiero escribir lanovela del universo. Aquí me encuentro, con la historia de mi oficio frente a mí, y creo que la ruta a seguir en esta época tan consciente de sí misma es ampliar la perspectiva conocida. Quiero escribir una cosmología. Parece un anhelo apropiado.
Cada época cree estar en el punto intermedio de un cambio estético total. Buena parte de los novelistas piensan lo mismo. Si se desea plantear una historia literaria de nuestros días –y este ensayo intentará trazar una genealogía y un breve manifiesto–, es importante, pienso, mantener visibles esos dos marcos temporales. Y para cada uno de ellos ofrezco algunas advertencias.
Dos advertencias sobre la novedad
Por lo común desconfío de esa forma de pensamiento que se expresa en término de épocas, de antes y después. Creer que el tiempo en el que uno vive es radicalmente distinto a los anteriores es, a nivel histórico, una falsedad. E incluso si resulta que en efecto hemos vivido en una era de cambio absoluto, las definiciones que demos a ese cambio a menudo dan la impresión de ser obstinadamente prematuras y tristes, del mismo modo en que son tristes las predicciones obsoletas de la ciencia ficción. Sin embargo, lo acepto: por un breve instante he tenido la tentación de pensar que este momento en el que vivo, como sea que lo llamemos, no puede explicarse cabalmente con las categorías usuales –históricas y filosóficas– que hemos heredado. En nuestra opaca atmósfera de luces fluorescentes parece imperar una locura desmedida. Supongo que he sentido esto desde el momento en que, al finalizar mi primera novela –en torno al esplendor de la vida privada e irónicamente titulada Política–, vi por televisión el colapso de las Torres Gemelas. Las ironías de mi novela de pronto me parecieron anticuadas. Esa impresión aumentó a lo largo de la década siguiente, mientras veía otras revoluciones y las subsecuentes contrarrevoluciones. Entonces descubrí una frase de Joseph de Maistre, ese grandioso reaccionario, escrita a fines del siglo XVIII: “Por un buen tiempo no entendimos la revolución de la que fuimos testigos; por un buen tiempo la consideramos unacontecimiento. Estábamos equivocados: era una época. Desdichadas aquellas generaciones que se encuentran presentes durante las épocas del mundo.” Me gusta esta observación no tanto por su melancolía –aunque la melancolía puede ser un procedimiento útil en nuestros tiempos– como por la exactitud de sus términos y la forma en que admite la confusión. Del mismo modo, el problema en este momento, sin duda, es saber qué es solo unacontecimiento y qué es en realidad una época.
Debemos ser cautelosos ante una época –y ante un novelista– que crea demasiado en su novedad. Quien escribe ficciones vive en una permanente condición de atemporalidad y retraso. Este estado es inherente a la naturaleza misma de la escritura. Mi autoridad en este punto es el crítico ruso Boris Groys, autor del ensayo “La soledad del proyecto”, que ensaya con la idea de que el artista y la sociedad nunca siguen el mismo tempo. Todo proyecto, sostiene Groys, termina en aislamiento.
Cada proyecto es, sobre todo, la declaración de un nuevo futuro que se cree que va a venir una vez que el proyecto haya sido llevado a cabo. Pero con el objeto de construir tal futuro, uno primero tiene que tomarse una licencia –se trata de un tiempo en el que el proyecto ubica a su ejecutor en un estado paralelo de temporalidad heterogénea–. Este otro marco temporal, a su vez, se desconecta del tiempo tal como lo experimenta la sociedad, es decir, un tiempo desincronizado. La vida social sigue adelante sin importarle nada, el curso natural de las cosas continúa inmutable. [Volverse público. Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea, traducción de Paola Cortes Rocca, Caja Negra, 2014.]
¡Qué destino más triste! Crear obras que revolucionarán una época, pero que requieren tanto tiempo que la época misma no se dará cuenta de ellas. Esta segunda consideración, tal vez, explica la primera: las verdaderas revoluciones pueden pasar inadvertidas; lo que la sociedad apenas verá son tendencias fortuitas y superficiales.
La novedad de Kafka es el infinito
Durante la vanguardia la idea de lo radicalmente nuevo fue adictiva y seductora: el gran momento de Proust, James, Stein, Kafka, Joyce, Musil; poco después, Borges y Gombrowicz... Esa época creía en la novedad como una esencia ontológica, y su mayor teórico fue el futurista Víktor Shklovski que, durante el frenesí de la revolución bolchevique, escribió: “Formas nuevas aparecen en el arte que reemplazan a las formas viejas que han dejado de ser artísticas.” Pero ¿qué tipo de revolución compartida representan todos estos escritores? La mayoría son mutuamente excluyentes. El estilo de Franz Kafka es una revolución privada: una forma distinta de construir un universo. En Kafka, el infinito acecha bajo las apariencias, como cuenta en la brevísima historia “El pueblo más cercano”:
Mi abuelo solía decir: “La vida es asombrosamente corta. Ahora, al recordarla, se me aparece tan condensada, que, por ejemplo, casi no comprendo cómo un joven puede tomar la decisión de ir a caballo hasta el pueblo más cercano sin temer –y descontando por supuesto la mala suerte– que aun el lapso de una vida normal y feliz no alcance ni para empezar semejante viaje.” [La condena, traducción de J. R. Wilcock, Alianza Editorial, 2006.]
En los relatos de Kafka, las alteraciones violentas del equilibrio se esconden en oraciones clásicas y elegantes. En este cuento, puede ser cierto tanto que una vida entera se condense en un solo recuerdo como que la acción más pequeña e insignificante implique una duración infinita. La obra de Kafka es una investigación sobre la forma en que la mente intenta razonar con aspectos imposiblemente contradictorios; de este modo, el relato en cuestión es la versión condensada de sus más grandes y llamativas proposiciones (en las que un personaje, por decir algo, se transforma en escarabajo). Por eso, Theodor Adorno acertó al observar la similitud entre la obra y las películas que le gustaban a Kafka: sus novelas, escribió Adorno en una carta a Walter Benjamin, “representan los últimos y ya extintos textos que conectan con el cine mudo”.
En Kafka, los aspectos infinitos e irresolubles de un universo sin sonido están sujetos a una sintaxis meticulosa.
La idea actual de lo nuevo
Las revoluciones en el arte de la novela son una gesta individual, no generacional. Todo gran escritor representa su propia época privada. Esto quizás imposibilita la discusión sobre los cambios generacionales: ¿quién, ahora, es más nuevo que Kafka? Y, sin embargo, es cierto que, en el orbe de habla inglesa, hay una idea hipster de la novedad. Esa idea, a grandes rasgos, es así: en la actualidad lo ficcional nos aburre, ansiamos solo aquello que insistimos en llamar realidad. Como críticos, queremos leer sociología, en busca de información, y como lectores ansiamos lo confesional. Se ha desarrollado un gusto híbrido por la ficción realista de Jonathan Franzen o Elena Ferrante, las descripciones mínimas y literales de Lydia Davis y las novelas-memorias de Karl Ove Knausgård. La novela realista y el Künstlerroman, la novela de formación del artista, son las formas básicas del gusto que predomina hoy. “La mera idea de ficción, la mera idea de un personaje inventado en una trama inventada me producía náuseas”, escribe Knausgård en Un hombre enamorado (Anagrama, 2014), de su serie de novelas Mi lucha. En “La escritura”, un relato del reciente Ni puedo ni quiero (Eterna Cadencia, 2014), Lydia Davis, con tranquilo gesto de desaprobación, dice: “A menudo, escribir no es escribir sobre cosas reales, y cuando se escribe sobre cosas reales, a menudo están tomando al mismo tiempo el lugar de algunas cosas reales.” artículo completo ›

Stephen King y su lector ideal September 26,


Stephen King y su lector ideal
September 26, 2015
Cristián Londoño Proaño

Por Cristián Londoño Proaño 

Stephen King es actualmente el escritor norteamericano más importante del género del Terror. También tiene novelas de ciencia ficción y fantasía. Pero en el Terror es donde King alcanza niveles muy destacados.


Stephen King nace en Maine 1947. Es autor de noveles emblemáticas del género como «Carrie», «El misterio de Salem´s Lot», «Misery». Muchas de sus noveles han sido adaptadas al cine como mucho impacto. También se ha involucrado como guionista  y recientemente como productor ejecutivo de una adaptación televisiva de su novela «La Cúpula». Esta superproducción  televisiva  es una serie desigual y con fallos en su trama que tiene dos temporadas. Por momentos, la serie cae en lo inverosímil. Algo que en muchas de las novelas de King no suele suceder.



Siempre me llamó la atención la relación que tiene Stephen King con su escritura. En numerosos entrevistas y su libro «Mientras escribo»  los expone con mucha sinceridad.  En las palabras del propio King: «Escribir es una labor solitaria, y conviene tener a alguien que crea en ti. Tampoco es necesario que hagan discursos. Basta, normalmente, con que crean», luego acota que la escritura es encontrar hallazgos fosilizados en el camino. Y lo aclara en una entrevista con el periódico New Yorker, donde explica que las historias son objetos hallados, como los fósiles del suelo, que le parecen «reliquias, fragmentos de un mundo preexistente que no ha salido a la luz. El trabajo del escritor es usar las herramientas de su caja para desenterrarlas lo más intactas que se pueda».   Hay que  tomar en cuenta dos puntos enormes. El primero, King siempre habla de la historia. Recalco, el asunto de «historia». No habla de la escritura como un acto cerebral y caótico. El maestro del Terror no habla de la escritura como un enjambre de palabras bien dichas y que no conducen a nada. Lo importante para King es entregar al lector una historia pura que la disfrute.  Coincido plenamente con sus palabras, el lector tiene el suficiente derecho como para reclamar al escritor que quiere leer una historia, no quiere leer una temática. A esto debe sumarse, que el escritor debe esforzarse por gustar a varios lectores, no debe contentarse con «gustarse». Desde mi punto de vista, la escritura hecha para el disfrute del propio creador es un acto narcisista. El mismo King dice: «no se pude gustar en todo momento a todos los lectores, ni siquiera a una parte, pero por favor, esfuérzate en gustar a veces a un sector del público». Y más aún en los momentos en que vivimos, en que los gustos del público se han segmentado, y hay nichos para todos los gustos.  Hay que considerar que todo lector tiene un sentido primario , que es el gusto por las historias, no por los discursos. 

Otro punto interesante es que King dice que el escritor necesita de alguien que crea en su trabajo. En el caso de King fue su esposa Tabitha Spruce, también escritora y activista, que creyó en él. Incluso en los comienzos de su carrera como escritor y cuando, él mismo ha confesado en innumerables ocasiones, su carrera de escritor parecía que se iba al fracaso, y se sumaba problemas económicos, y los inmemorables rechazos de las editoriales y las revistas. Una época que la fe de Tabitha Srpuce logró mantener a flote a King y siguió creando sus historias.  Y precisamente, a Tabby, como cariñosamente le dice el autor,  la llama su lectora ideal.  La lectora ideal es única y para cada escritor. Y tiene un papel fundamental, porque  ella le advierte de que si la historia funciona o no, si sus personajes son creíbles  o no, o de cualquier fallo que existiera en la historia. Pero el caso de  King no es único.  Otro artista que tuvo lo mismo fue Alfred Hitchcock. Su esposa Alma Reville fue su espectadora ideal. En el primer visionaje de su película «Psicosis», Hitchcock había invitado a varios amigos y colaboradores. Al termino de la película, todos comentaron maravillas. Muchas lisonjas por una película que la consideraban una obra maestra. Excepto, Alma que consideró que la película tenía fallas. Hitchcock le preguntó admirado sobre los errores. Y ella le contestó que  cuando Janet Leigh  tiene que estar muerta, tragaba saliva. Sí, la única que se había percatado del error fue Alma Reville.

Tabby, la lectora ideal de King,  ha leído todas las obras de King y ha hecho sus observaciones. Lo interesante es que ha hecho que King cumpla su objetivo máximo como escritor. En sus propias palabras: «Mi máxima meta es la resonancia, algo que perdure un poco en la mente (y el corazón) del lector después de haber cerrado el libro y haberlo colocado en la estantería». 

Lectura: La locura de amor de FRIDA KHALO.-Carmen Godino.

Recuerdo, cuando vestida de muchacho, me acerqué al andamio en el que subido pintabas un mural. Llevaba algunos de mis cuadros y necesitaba que los viera el maestro. Ya me había enamorado de tu obra, pero esto tú aún no lo sabías. ¡Cómo ibas a saberlo! Me dijeron que no te molestara, que cuando estabas trabajando no escuchabas y que nunca Diego Rivera aceptaba órdenes de nadie. Pero yo te dije sencillamente : - "Diego, baje no más"- y tú bajaste. Y con los pies en el suelo miraste atentamente mis dibujos y luego a mí.
¡Qué alto y qué grande! Te calabas un sombrero de ala ancha y llenabas todo el espacio. Era imposible no verte ni respirarte, aunque no por tu tamaño sino por la expansión de tu aura. Yo en cambio era pequeña, frágil y muchos años más joven. Me adornaba con flores y abalorios que tintineaban a mi paso, bendiciéndome como a una virgen. Eramos el gigante y la paloma, aunque yo no era una paloma silenciosa.

Dejaste en mi vida pozos sin fondo mientras la vida me enseñaba a perder. No te pintaba para hacerte homenajes, sino por necesidad vital. Amor, abandono y amor de nuevo, espiral asesina de los que aman demasiado y lo perdonan todo. - "¡No podemos más, no podemos más!"- me gritaban cada día todos mis poros, y yo les cantaba canciones de cuna para que se adormecieran y callaran, y les amamantaba con leche de óleo manada de senos en forma de pinceles, domesticándolos para que aprendieran a "poder más".

!Y qué capacidad de olvido tiene la locura ! Olvidé tus amantes, tus fugas, tus abandonos. Siendo Frida fui la mujer de Diego. Pero para matarme, te buscaste una secuaz: mi propia hermana, mi propia cómplice, a las que tantas lloré tus ausencias, a la que cortejaste llamándola con mi nombre.
Renunciar a ti era la única solución para vivir pero era también la llave del mi sepulcro. !Me enfrenté a mi misma, y una Frida dijo a otra: ¡No puedo vivir sin su presencia! ¿Es que no lo entendéis, malditos? !Dejadme con mi estigma! Es mi ángel de luz y tinieblas, llaga y ungüento, bálsamo y Cruz. Hijo de este vientre estéril y padre amoroso de una cierva herida. Compañero, aunque no esposo, Necesito la luz de su arte y si no la tengo, me abandono, no ya a la muerte que sería una caricia, sino a la desesperación.
Mi cuerpo, cansado y recosido aprendió a renunciar al tuyo calmándose en otros hombres y mujeres. Qué importaba, si el dolor era ya mi compañero, y de Diego me bastaba una sonrisa aunque oliera al sándalo de otros abrazos. Tuve tu esencia, Maestro Rivera. Tuve lo que nadie tuvo jamás de ti. Alimenté tu creatividad como tú hacías florecer la mía, mi obra y la tuya compañeras en la eternidad. Sin rivalidad jamás para quien siempre se arodillo ante tus trazos. !Qué manera de amarte, Diego, aunque el precio fuera darme a luz cada día a mí misma, nacida ya ensangrentada y muerta! Por eso dejé escrito: "Espero que la marcha sea feliz, y espero no volver".

Arte: Gold [Lucy Argueta]

Gold [Lucy Argueta]



    ¨Coco Canal #123¨

¨El trabajo de Lucy Argueta ha planteado diferentes perspectivas que giran en torno a la prenda como objeto y sus distintas connotaciones. Acercamientos que van desde la recolección de estas como elementos impregnados de memoria, hasta la proyección de la ropa como vestigio casi arqueológico, vinculado incluso en algunos casos al tema de la violencia, personas desaparecidas y entierros colectivos.
El paso del tiempo como un elemento importante, se traslada tanto a la descomposición de los tejidos y materiales, hasta la relación entre diseños, patrones e historias narradas desde la prenda misma. Concepciones sobre la femineidad y la recuperación, también se hacen presentes en muchas de sus primeras series, tanto a nivel de fotografía como instalativo.
Por otro lado, muchos de sus trabajos giran a uso de la prenda como tal y lo que ella representa. Esta como un elemento de consumo importante, un símbolo de estatus o una forma de vida, que va desde ser un objeto de lujo y de acceso limitado, hasta su posibilidad la re-codificación de ciertos mecanismos simbólicos a partir de la imitación y su expansión hacia todos los niveles económicos, sociales y poderes adquisitivos, basados en la reproducción.
Presentar el deseo que se puede generar al querer poseer algo y evidenciar las diferentes respuestas del mercado a este deseo, da pie a toda una investigación en relación a las marcas, ropa y accesorios y las concepciones en torno al “original y la copia”, dentro de un mercado de “segunda mano” como objetos de consumo y fetichización.
En este tipo de propuestas planteadas por la artista, el concepto de la ironía tiene un papel fundamental, en este juego trazado alrededor de las marcas, el acceso a lo material y la búsqueda del llamado “glamour”.
La fascinación por el objeto es algo que se hace evidente desde las resoluciones generadas por Argueta en algunas de sus obras, y en la puesta en acción de dinámicas participativas con el espectador.
¿Qué es lo que da valor a los objetos de consumo? ¿De qué manera este tipo de elementos me re-presentan? Al final qué es lo que determina la selección y el deseo de posesión.
Estas prendas de segunda mano además, son objetos que ya tienen vida impregnada en sí mismos, cuentan con una memoria y un recorrido…Estudiar las relaciones y las características de ese “objeto de deseo” como tal, es algo que nos acerca a entender nuestras propias relaciones sociales e incluso a nosotros mismos.¨
 .
-María José Chavarría
madc Invertido

Fuente: Museo de Arte y Diseño Contemporáneo