Libros: Siddharta de Hermann Hesse

Siddharta, de Hermann Hesse

PILAR LUIS PEÑA
“No creo en nuestra ciencia, ni en nuestra política, ni en nuestra manera de pensar, y no comparto ni uno solo de los ideales de nuestro tiempo. Pero no carezco de fe. Creo en las leyes milenarias de la humanidad, y creo que sobrevivirán a toda la confusión de nuestra época actual… Creo que, pese a su aparente absurdo, la vida tiene un sentido” (Hermann Hesse).
Una de las obras literarias más leídas en el s. XX y que seguro seguirá siendo leída en este nuevo siglo  XXI es Siddhartha, del premio Nobel de literatura de 1946, el escritor alemán Hermann Hesse.
Esta novela fue publicada en el año 1922, cuando el autor tenía cuarenta y cinco años de edad y ya se había consagrado como literato reconocido gracias a sus obras Peter Camenzid(1904), Bajo la rueda (1906), Knulp (1915) y Demian (1919), entre otras.
Hermann Hesse siempre se presentó a sí mismo como un buscador, como un hombre que quería ahondar constantemente en el significado de la vida, en el destino, en las profundidades del alma humana. Y ahí radica precisamente su fuerza, en el hecho de que supo acercarse a lo atemporal, a las preguntas inherentes a la condición humana. Por ello ha pasado un siglo prácticamente desde la publicación de la primera obra que le hizo famoso, su Peter Camenzid, y sin embargo, sus obras siguen siendo leídas con la misma admiración que entonces.
Es importante mencionar que el interés de H. Hesse por la filosofía y la mística de la India era en realidad un interés familiar, porque tanto su abuelo materno, el famoso sanscritista Gundert, como su padre, Johannes Hesse, habían sido misioneros pietistas en la India. En su hogar estaban tan presentes las concepciones cristiano-protestantes como la hinduista-budista de la vida. De hecho, H. Hesse siempre señaló que la obra Siddhartha era la obra de su propio credo. Todos los personajes de sus novelas fueron una parte importante de su propia alma, rebelde e incansable buscadora de valores perdurables y comunes a toda la Humanidad.
La trama de la novela
Siddharta, el protagonista de la novela, es un destacado hijo de brahmanes (casta sacerdotal de la India), que no encuentra por medio de la religiosidad reglamentada una forma para poder satisfacer sus ansias de verdad, de encontrar la causa primera de las cosas. Tanto es así, que decide abandonar su hogar familiar contra la voluntad de su padre. Lo hace en compañía de su amigo Govinda, que lo secunda.
En busca de verdades más directas y desprendidas de formalismos vacíos, se une a un grupo de samanas, nombre que recibían los ascetas que vivían en las montañas alejados de los convencionalismos sociales, realizando largas meditaciones y sacrificios del cuerpo. El objetivo de estas estrictas austeridades era alcanzar, superando los personalismos, el Atman, la causa primera, la Unidad que todo lo abarca.
Pero tampoco junto a los samanas del bosque consigue su anhelo de verdad, y entiende que la verdad de la vida toda no la podría nunca encontrar anulando una parte de esa vida toda, su propio cuerpo, soporte de su existencia. Junto con su amigo, abandona a los samanas y emprenden un viaje en busca de Buda (s. VI a.C.), de Gautama, que quiere decir “El victorioso en la Tierra”, del que se decía que precisamente había conseguido esta seguridad, esta armonía, esta plenitud en la vida.
Cuando los dos muchachos se encuentran con el Buda histórico, quedan realmente impresionados por lo que este hombre desprendía de sí, efectivamente, esa serenidad, ese saber estar en el justo medio, ese saber entender más allá de las aparentes contradicciones de la vida. Govinda decide quedarse en la orden del Buda, el Shanga, como monje. Pero Siddharta, aun en la certeza de que el Buda había llegado a su ansiada meta, entiende algo que el mismo Buda enseñaba; las doctrinas son bastones que pueden ayudar a llevarnos al conocimiento, pero que solo el esfuerzo individual de cada ser humano puede llevarle finalmente a la perfección anhelada. Las doctrinas son un medio y no un fin.
Regresa a la ciudad en la búsqueda de su propio camino de perfección. Por su elección, se hace discípulo de una bella cortesana, Kamala, que le enseñó todos los secretos del amor. También se hace discípulo de Kamaswami, que era el más rico de los comerciantes de la ciudad. Pasa veinte años con ellos para entender basándose en su propia experiencia que tanto la búsqueda del placer de la vida que experimentó en esos veinte años como la austeridad en extremo que había practicado con los samanas nunca le llevarían al Atma, a la perfección, a entender el sentido profundo de la vida, sueño alado que le había movido tanto tiempo atrás y que estaba a punto de olvidar.
Abandona la ciudad, a su amante y a un hijo que estaba en su seno sin él saberlo. Finalmente se une al barquero Vasudeva, con el que ya se había cruzado en otra ocasión, pero al que él en aquel momento no supo reconocer como instructor. El barquero lo iniciará en el arte de entender el lenguaje del río en el que navegan, que no es más que una metáfora del río de la vida, del sentido de la vida. Finalmente, Siddhartha conquista en base a su propio esfuerzo, a la comprensión profunda del lenguaje del río de la vida y a la ayuda de todos los seres humanos con los que se encontró a lo largo de su intensa vida, la fusión con el todo, con el Atman, estrella dorada que lo había alentado desde su juventud.
Los personajes
La obra Siddhartha está llena de conceptos de la filosofía hinduista-budista tan importantes como el Karma, el Nirvana o la Rueda del Samsara, pero en este breve artículo periodístico nos centraremos en el simbolismo y los mitos que aparecen en la obra.
Todo el que ha leído a Hesse sabe que deja un sabor a belleza y a profundidad en el alma. Hesse siempre dominó el arte de elevarnos al plano del mito, al mundo de los símbolos donde hay realidades universales, válidas para todos los seres humanos. Es inevitable leer una obra de Hesse y sentirse identificado con algunos de sus personajes o parte de todos ellos.
La bella cortesana Kamala y el comerciante Kamaswami son personajes dominados en sus vidas por lo que Platón llamó la parte concupiscible del alma humana, aquella que gusta de los objetos sensibles, que apetece de forma desmedida bienes materiales, aquella que nunca se conforma con lo que tiene o lo que la vida le da y siempre quiere más, más posesiones externas, mayor seguridad, mayor comodidad, mayor prestigio social.
Si vamos a la etimología de las palabras, nos encontramos con que los dos tienen la misma a raíz “kama”, que precisamente quiere decir, “deseo” en sánscrito, la antigua lengua de los brahmanes. Literalmente, Kamala quiere decir aquello que es querible, que es deseable, representa el vivir para satisfacer los sentidos, sin preocuparse de a qué puede llevarnos esa simple corriente de sensaciones. Mientras que Kamaswami quiere decir “el maestro de los deseos”, aquel que sabe hacer realidad sus deseos materiales pero que curiosamente es temeroso, tiene miedo de perder aquello que con tanto esfuerzo logró conseguir.
El barquero Vasudeva representa al hombre sabio, a aquel que ya encontró el fin de toda búsqueda, el sentido profundo de la vida, de la propia vida. Curiosamente Hesse dio a este personaje el nombre del padre de Krishna, uno de los grandes sabios de la humanidad, inspirador de la gran obra épica de la filosofía brahmánica el Baghavad Gita.
Vasudeva, como encarnación del hombre sabio, está caracterizado por un anciano, símbolo de experiencia, de las pruebas superadas en la vida. Su virtud principal es que posee el arte de saber escuchar ante todo a la vida y también a todos los seres humanos, sin prejuicios, sin opiniones. Por este motivo, por el valor que se da en Oriente a la virtud de saber escuchar, de interpretar el significado de la vida, en la iconografía oriental se representan las imágenes de los budas con las orejas grandes.
Siddhartha es símbolo de los seres humanos que estamos a medio camino entre la sabiduría y la ignorancia, entre aquellos que han vislumbrado el sentido profundo de la vida, de la existencia, y aquellos que toman por sentido de la vida la acumulación de bienes y honores. Siddhartha también tiene deseos como Kamala y Kamaswami, pero sus deseos no son de posesiones sino de conocimiento; representaría al filósofo, al amante del conocimiento, a los guerreros del espíritu que quieren superar sus límites e ignorancia para alcanzar las realidades perennes de la vida.
Govinda quiere decir en sánscrito “la parte en que la Luna va menguando”; de ahí que en la obra, Siddhartha llame en alguna ocasión a su amigo “la sombra”. Govinda también representa al hombre que busca, pero sin acabar de asumir su propia responsabilidad, sin riesgos, que quiere caminos ya trillados; por eso en varios momentos de la obra lo que hace es secundar a Siddhartha en sus decisiones, hacerle, en fin, de sombra.
Hesse tiene la genialidad de hacernos sentir que sus personajes son encarnaciones de parcelas del alma humana. Todos tenemos algo de Kamalas, buscamos placeres y rehuimos los dolores, sin pararnos a reflexionar adónde nos llevará esa rueda sin fin. Porque cada placer tiene la semilla del dolor. Sufrimos por conseguir lo que amamos, y sufrimos cuando lo poseemos pensando en su fin. Todos tenemos algo de Kamaswamis en cuanto que nos preocupamos por tener cierta estabilidad y seguridad en la vida. Todos tenemos dentro a un Vasudeva, que cuando lo escuchamos nos recuerda las cosas por las que de verdad vale la pena luchar, que nos recuerda que las posesiones reales de la vida no son materiales, que están en la conquista de nuestros propios miedos y limitaciones y la comprensión de todos los seres. Pero sobre todo, nos hace vivir, soñar, experimentar con Siddhartha, viajeros eternos, buscadores de las causas de la vida más allá de miedos y limitaciones.
El mito
El hilo de fondo de la novela es, precisamente, el hilo de fondo de la vida humana, es el hilo del querer encontrar un sentido, el querer encontrar la verdad en sentido filosófico y amplio de la vida. Entender por qué nacemos, el por qué morimos.
Este mito de la búsqueda lo vamos a encontrar en todas las culturas, lo vamos a encontrar en el mito de Teseo y Ariadna griego, en el Bhaghavad Gita de la India y en el mito cristiano de san Jorge, el dragón y la princesa, donde ese san Jorge no representa ni más ni menos que a ese Siddharta que quiere conquistar a la princesa, que es la sabiduría, la parte más noble, venciendo al dragón, que representa estos miedos y defectos que no nos dejan avanzar.
Dentro de este mito de la búsqueda de la perfección, en la novela podemos hablar de dos viajes. El primero y evidente por el mundo externo, y el segundo por su propio mundo interno. Y es la aventura, la odisea externa la que provoca una odisea o periplo interno mucho más apasionante. Siddhartha se va transformando, va cambiando a lo largo de la obra. Él quiere tener el conocimiento, pero tiene dos velos, sutiles pero reales, que no le dejan ver, es demasiado inteligente, es el más inteligente de los hijos de brahmanes, es el más diligente a la hora de hacer las cosas, es el más atento, tiene toda la erudición de los versos sagrados y, por lo tanto, ya sabe mucho, ¿qué va a aprender? Tiene un orgullo que no le deja aprender de otros y este es su principal velo. Prueba de ello es que la primera vez que se encuentra con el barquero Vasudeva, quien sería al final de la obra su maestro, antes de ir a la ciudad, lo toma como un hombre necio cuando el barquero ya poseía la sabiduría que le transmite al final de la obra. Es aquella vieja enseñanza del Buda: “el ignorante que se cree sabio, realmente es un ignorante”, mientras que “el ignorante que se sabe ignorante, entonces es un sabio”.
Siddhartha tuvo que perderse en lo que son los placeres de la vida, las ansias de poder, para poder vencer este orgullo, para poder sentirse como los demás hombres y romper este velo que lo separaba de los demás. El segundo velo se lo hizo ver Kamala: “Siddharta, tú eres incapaz de amar”. Era incapaz de entregarse, de darlo todo por otro ser humano, y esto era, sumado a su orgullo, lo que lo limitaba. Pero la vida le da un hijo orgulloso e irrespetuoso. Él lo aprecia y quiere facilitárselo todo porque es su hijo, por él va a cometer todas las locuras, y despierta al amor. Pero la vida le hace entender una lección sintetizada de forma genial por el poeta libanés Khalil Gibran en su obra El profeta; nuestros hijos no son realmente nuestros, son hijos de la vida. Los padres solo somos arcos que servimos a la vida para que esa flecha, que son los hijos, tome su propio camino, su propio destino.
Así, el hijo buscó su propio destino, se fue, le dejó. En ese momento, Siddharta mira el río, y el río se ríe, y el río le recuerda algo, le recuerda su imagen, la imagen de otro ser que él en otro tiempo había respetado e incluso temido. Era la imagen de su padre, y él entonces recordó el día en que marchó, y recordó que nunca volvió, y que quizás aquel hombre que tanto le había amado había muerto sin haber vuelto a ver a su hijo. El río se reía, su vida y su historia no eran más que la historia repetida de su padre. Entonces entendía que aquellas cosas que no se viven hasta el final se siguen repitiendo.
Estas eran algunas de las viejas enseñanzas de la India, la enseñanza del Karma, de la que Vasudeva ya le había hablado la primera vez que se encontraron, pero él era demasiado orgulloso para entender. Porque cuando llegaron a la otra orilla, Siddharta le dice que no tenía dinero para pagarle, y el barquero le dice que no importa, que ya contaba con ello; es más, “Todo en la vida vuelve”, ya lo harás en otra ocasión.
Él va a seguir mirando el río, y el río le va a enseñar su imagen entrelazada con la de su padre, con la de su hijo, y al mismo tiempo la imagen de Kamala, y la de Govinda, y la de todos los que había conocido en la vida; cada imagen iba buscando una meta, un fin, con ansiedad, con dolor. Y la consecución de esa meta era el comienzo de otra búsqueda, de otra meta, de otra ansiedad, de otro dolor. El agua del río también buscaba su meta, que era llegar al mar, desde donde se evaporaba para formar nubes que volverían a producir lluvias y a su vez formarían nuevos ríos, nuevos arroyos, nuevos torrentes.
Siddharta va a seguir mirando al río y va a escuchar todas las voces, las voces de alegría, de tristeza, de dolor, de gozo. Cuando escucha atentamente el río y no hace suya ninguna de esas voces, la suma de todas ellas es un único sonido, oye que es la perfección. Entonces Siddharta deja de luchar contra el destino, en ese momento entiende el sentido de la corriente de la vida, en ese momento entiende que la sabiduría es la conciencia de la unidad de las cosas, que la sabiduría es saber ver detrás de todas las ansiedades, todas las luchas de la vida, la de los padres con el hijo, la del joven que lucha por un estatus. Es saber pensar y sentir y vivir en cada momento la Unidad.
Bibliografía
Mi credo, H. Hesse, Ed. Bruguera.
Siddharta, H. Hesse, Ed. Mexicanos Unidos.
Hermann Hesse, José María Carandell, Ed. Barcanova.

Vocabulario Graffitti

Vocabulario graffiti

Muchas palabras relacionadas con el mundo del graffiti.(Están ordenadas alfabéticamente).
 - All city: Cuando un writer o crew es el mejor en la ciudad o tiene un estatus reconocido en todos lados.

- Bench: Una estación en la que los writers se congregan para observar los trenes.

- Bite: Es el nombre que se le da al plagio.

- Blackbook: Libro negro de tapas duras, típico de los ochenta, donde hacer los bocetos.

- Block buster: Una pieza de letras alargadas que va desde un extremo a otro del vagón, y por debajo del nivel de las ventanas.

- Bombing: Cuando un writer dibuja su nombre por todas partes.

- Buff: Es la eliminación de los trabajos de writing.

Burn: Se refiere a una pieza realmente buena con un gran estilo.

Burner: Una pieza de wildstyle hecha en colores brillantes.

- Character: Son caricaturas tomadas de comics, libros o Tv o de la cultura popular para añadir humor o énfasis a la pieza. En algunas piezas el carácter toma el lugar de una letra en la palabra.

Cloud: Estilo que se aplica en los inicios del graffiti, se aplicaba en las piezas, es una especie de fondo que se les daba cuando pintaban en el metro.

Computer Style: Estilo ordenador, es un tipo de wildstyle que parece pixelado o digitalizado, como sacado de la computadora.

- Crew: Grupo de writers que practican en equipo.

Crossing out: Cuando un writer utiliza el nombre de otro, algo muy despreciado en la comunidad del writing.

Cutting Tips: Es una manera de cortar los caps para modificarlos.

- Ding dong: Un vagón hecho de acero. El nombre proviene de la campana que avisa que las puertas se cierran.

Dope: Originalmente un termino de rap/hiphop que quiere decir cool.

- Down: Cuando estas con alguien en algo, Ya sea pintando, bailando, escribiendo con tu crew.

Drips: Es un efecto de goteado o chorreado que se les da a los tags. Este efecto muchas veces es una marca de identificación de un toy, aunque si es intencional por parte del writer es aceptable. Este estilo se origino en el metro subterráneo de NY.

- Kill: El acto del bombing realizado de manera excesiva.

- Flats: Vagones recubiertos con superficies planas muy apreciados por los writers de la old school.
 
- Floaters: Son Throw ups, que están hechos al nivel de las ventanas de los vagones.

- Going over: Pintar encima del nombre de otros writers. Esto se considera un acto de desprecio.

- Graffiti: proviene de la palabra griega graphein que significa escribir.

- Lay up: Vía del metro en la que están aparcados los vagones en horas no punta.

- Motion tagging: Pintar en los vagones de metro mientras están en movimiento.
- New school: Escuela nueva, la escena del writing posterior a 1984.

- Old school: Escuela antigua, la escena del writing anterior a 1984.

- Out line: Línea que delimita el graffiti por fuera, normalmente de otro color.

- Panel piece: Una pieza realizada debajo de las ventanas y entre las puertas de los vagones.
- Piece: Pieza, la obra de un writer.

- Plata: Pieza sencilla a dos colores, normalmente en negro y plateado, de ahí el nombre.

- Rack: Una tienda donde se  puede robar.- Racking: Robo o hurto, normalmente de sprays para poder pintar.

- Ridgie: Vagón de metro con arrugas en su superficie, poco apreciados para realizar burners, pero muy estimados por los artistas del Throw up.

- Steel: Cualquier tipo de tren. En la new school este término se utiliza para diferenciar entre los trabajos en los trenes y los realizados en la pared.

- Tag: Firma de persona o grupo de personas, expresando su apodo o alias. 

- Throw up: Vomitada, trabajo que consiste en letras con filete, ya sea con o sin relleno.

Top to bottom (T to B): Una pieza que se extiende desde lo más alto hasta la parte más baja de un vagón.

- Toy/Toyaco: Writer que ejerce sin tener ni idea. 

- Tips o Caps: Pitones de los botes de spray que se intercambian para conseguir diferentes anchuras en el trazo.

- Wall paper: Cuando se repite un nombre el suficiente número de veces como para desarrollar un patrón similar al del papel de la pared.

- Wildstyle: Estilo salvaje, son graffitis como Throw ups pero más complicados y estilizados.

- Writer: El que practica el arte del writing.

Fuente :Graffitti Base http://graffitibase.jimdo.com/

Entrevistas Walter Krochmal: Represento la cultura teatral de Honduras en el mundo




Bronx World Film. Acto de Lanzamiento. Con la cantante hondureña María Isolina, residente en Maryland, junto a los músicos de su conjunto Sol y Rumba; el realizador salvadoreño Tomás Guevara; los artistas visuales hondureños Luz Bonta y Vilo López.

Redacción: Eduardo Solano-Corresponal en Nueva York
El actor y cineasta hondureño en Nueva York habla sobre su vida y el próximo ciclo fílmico.
Nueva York, Estados Unidos
Corrían las 7:15 de la noche en las gélidas calles de Nueva York cuando el actor hondureño Walter Krochmal ingresó en aquel pequeño restaurante catracho en el Bronx y empezó a hablar de la riqueza de la gastronomía de nuestro país y, a medida que avanzaba la conversación, este polifacético personaje fue dejando al descubierto cada una de sus habilidades, tanto en el escenario como actor como en la pantalla chica, donde se destaca realizando doblajes para las más prestigiosas cadenas de televisión de Estados Unidos.

¿Qué recuerda de su niñez en Honduras después de tantos años en este país?
Recuerdo que siempre traté de descubrir cada rinconcito del país. A los 13 años yo era intérprete de misioneros. Con ellos nos íbamos a los rincones más remotos en camión, en mula y luego a “pincel”. Recuerdo los viajes a Yuscarán cuando no había carretera. Nos íbamos a Oropolí, a la frontera con Nicaragua. Soy un apasionado de la belleza de nuestra tierra.

¿Dónde se dio cuenta de que tenía este talento que le ha permitido abrir tantas puertas internacionales?
Recuerdo que a los 13 años, en la Escuela Americana de Tegucigalpa, donde me eduqué, empecé a descubrir en la clase de inglés que tenía capacidad de hacer monólogos. Luego, un maestro de español me pidió analizar obras de arte clásico y cierto día una maestra que manejaba el grupo de drama me dijo: Te vienes conmigo; vas a hacer teatro. Allí descubrí que estar sobre las tablas me venía bien y me di cuenta de que esto me conectaba.

¿Qué es lo que más destaca de su larga carrera como actor de teatro?
Todo lo que he hecho ha sido relevante, ya que siempre he tratado de cultivar la versatilidad con el teatro clásico en inglés, teatro clásico del Siglo de Oro español o teatro de vanguardia, como escritor y actor, en las adaptaciones que he hecho, mis viajes a festivales internacionales a realizar papeles pequeños o grandes. Todo eso me ha forjado.
La capacidad de este multifacético actor lo ha llevado a presentar obras en diferentes idiomas, no solo español e inglés, ya que este trotamundos hondureño de origen rumano ha actuado en piezas en hindi y árabe, producto de la gran diversidad de culturas que lo han influenciado en su peregrinaje.

¿Con qué actores de renombre ha tenido la oportunidad de trabajar?
De renombre, muy pocos. Podría mencionarte a Adrian Grenier, de la serie "Entourage", de HBO. Trabajamos en un cortometraje. La actriz Lauren Vélez, quien forma parte de la serie "Dexter". De allí he trabajado con mucha gente, como yo, que son talentosísimos, pero no famosos. Trabajamos en medios independientes, donde no captamos la atención de los medios de comunicación, pero he tenido una carrera bendita formando parte de más de 50 obras de teatro.

¿Se considera usted un embajador del talento hondureño en el teatro?
Me gusta el término, ya que uno vive en el extranjero y representa a Honduras; aunque no esté haciendo una obra de teatro hondureña, representa a su país por la calidad, la atención al detalle, la sensibilidad. Uno tiene algo especial cuando dice soy hondureño y eso se lo aporta a lo que hace.

Usted ha repetido mucho la frase “ser hondureño”. ¿Qué lo motiva a decirla con tanta insistencia?
Es que me siento muy orgulloso de mis raíces. En algún momento de la vida tuve la dicha de explorar ese lado de mi persona. El lado de mi padre, el lado judío, apenas ahora lo empiezo a conocer y me identifico como tal, pero, claro, al descubrir mi identidad y explorarla me siento un hondureño y lo cargo como un código cultural. Somos muy receptivos, muy hospitalarios, muy flexibles culturalmente y tener esa cultura me ha ayudado a sobrevivir en una ciudad como Nueva York.

Este 14 y 15 de diciembre usted realizará un ciclo fílmico en Manhattan. ¿Qué puede esperar el público que asista a presenciar este evento?
Este es un evento grande, que conjuga todo lo que se ha recopilado durante el año de obras, las cuales vienen de Centroamérica y otras partes, ya que, aunque no es un evento de la región, el enfoque serán los países del istmo, pero admite trabajos de todo el mundo.
La participación hondureña en los tres últimos ciclos y en este está en relación proporcional con lo que ha mostrado el cineasta de nuestro país. Si ven poco o nada de Honduras, entonces pueden guiarse por eso. Les hemos ofrecido esta vitrina en la 14 calle de Manhattan. Lo he hecho de manera personal y si no hay mucha presencia es porque no ha habido interés en comunicarse conmigo para participar, algo que espero que cambie con el tiempo, pero cuando han participado realizan un papel destacadísimo.

El ciclo fílmico se llevará a cabo el sábado 14 de diciembre de 11:00 am a 5:00 pm yel domingo 15 de 11:30 am a 11:00 pm. La entrada es gratuita. La dirección, para las personas que desean asistir, es el 239 oeste, 14 calle, 7 y 8 avenidas. Para más información contacte por email mail@bronxworldfilm o llame al 9175497650.
Les reitero la invitación a que compartan con un compatriota que está tratando de abrir un canal de visibilidad para lo mejor del cine hondureño, que es la plataforma expresiva del siglo XXI. Invito a todos los que producen cine de ensayo no comercial a que aporten para que nuestro país tenga mayor visibilidad en el extranjero y en especial en la capital cultural del mundo, que todavía sigue siendo Nueva York.

Walter Krochmal también se ha destacado en la cadena HBO realizando doblajes para los documentales de boxeo, 24/7, ABC, NBC, discursos simultáneos del papa Benedicto XVI, George Bush, la toma de posesión del presidente Barack Obama, además de dibujos animados, entre un centenar de actividades que realiza este orgullo hondureño.

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Der Blaue Reiter (el jinete azul)

WASSILY KANDINSKY (Rusia, 1866-1944)

1903

óleo sobre lienzo, 55 x 65 cm. – Zurich, colección particular


El Jinete Azul 



Kandinsky es uno de los nombres propios de la pintura del siglo XX, ya que tradicionalmente se le considera el creador de la abstracción. No obstante, sus primeras obras, como la aquí comentada, son tremendamente interesantes por constituir un puente entre el postimpresionismo y el expresionismo. De hecho, Kandinsky siempre se sintió impresionado por la obra de Claude Monet. Contemplando uno de sus "almiares" en una exposición en Moscú, comentaría: "Y de pronto, por primera vez, vi un cuadro. Leí en el catálogo que se trataba de un montón de heno, pero yo no podía reconocerlo (…) Me di cuenta de que faltaba el objeto del cuadro (…) Lo que tenía perfectamente presente era la insospechada y hasta entonces oculta fuerza de la paleta
“El jinete azul” es, además de una obra extraordinaria por el manejo de la luz y el color, y la simpleza con la que se consigue el contraste entre el movimiento del jinete y el estático paisaje de fondo, el nombre de una editorial que agrupaba a alguno de los principales pintores expresionistas como Franz Marc o el propio Kandinsky. “El jinete azul” no era ni un movimiento ni una escuela. Más bien se trataba del punto de encuentro de varios artistas descontentos con el devenir del movimiento “Die Bruke” (El Puente). “El Jinete Azul… La suerte está echada”, escribiría Franz Marc. Una suerte que concluiría cuando la Primera Guerra Mundial dispersaría a sus protagonistas.
Text: G. Fernández, www.theartwolf.com

Fuentes:http://www.theartwolf.com/masterworks/kandinsky_es.htmtheartwolf.com  (online art megazine)
http://www.theartwolf.com/index_es.htm

Cuento:Puerto Azul por Alvaro Calix

 Puerto Azul


 Álvaro Cálix                         
            Hacía mucho tiempo que él no recorría esa parte de la ciudad. Llevaba puesto el capote y notábanse plastas de lodo en los zapatos. A paso lento, apoyado en el bastón, redescubría matices de aquel ambiente de tabernas y cabarés de poca monta. A lo lejos, como el murmullo de un río, escuchó una tonada que reconoció en el acto: era un bolero. Se acercó al bar del que provenía la música.  Sacudió los zapatos y entró para escuchar el resto de la canción que salía de la rocola. Cuando la pieza terminó, depositó de inmediato una  moneda y volvió a escogerla.           El único cliente que estaba en el bar levantó la cabeza y no ocultó su gozo al oír de nuevo el bolero, y dijo:            —¡Véngase, hombre!, tomémonos una cerveza. Sin pena... Yo invito.       
     —No, gracias. Ya no bebo  —contestó  el hombre del bordón.            Al concluir la música, salió del local; sintió un golpe de viento  frío y volvió a cerrarse los broches del capote. De nuevo se metió en las calles escandalosas de la ciudad. Tras un par de horas de vagabundeo, la noche lo sorprendió. Aunque leve, la lluvia no cesaba. En una esquina, hacia el poniente, creía haber leído mal, se desempañó los ojos, pero se convenció de que en el rótulo decía Puerto Azul.
            Era el mismo nombre del lugar en el que cantó en sus años mozos, pero aquel Puerto Azul, estuvo ubicado en otra zona de la ciudad y le constaba que lo habían cerrado hace años. ¡Qué coincidencia!, ¿Cómo puede ser? Tenía que averiguarlo, no podía hacer otra cosa.  Entró
Adentro, un aire de pasado lo calentó; se sentía bien, y le resultaba familiar el olor del aserrín esparcido en el piso. El sitio era más o menos similar al de su juventud. Se pellizcó el brazo.
—Disculpe…¿Quién es el dueño de este negocio? —preguntó al cantinero.            —¡Dueña!, querrá decir —replicó el empleado— Se llama Adelina, y bueno... también está Luisa.
            Ambos nombres revolotearon en su mente, sonrió.  Qué broma es esta, se dijo, y evocó a las dos mujeres que antaño conoció.
            Convenció al cantinero para que le dijera dónde estaban ellas.            —¿Puedo subir a verlas?            —No creo. A la patrona no le gustan las visitas, menos a la hora de la cena.            —Iré de todas maneras —desafió.            —No hace falta —dijo una mujer que estaba tomando un vaso de ron en una de las mesas cerca de la barra—. ¡Allí viene doña Adelina!            La vio bajar por  la escalera. Para ser veinte años más vieja, los cambios eran más bien discretos. En cambio, es seguro que a ella le costó reconocerlo; los años le habían pasado encima: sin carnes, la mar de canas, las ojeras imborrables y, por si fuera poco, el defecto en su pierna.
No se abrazaron ni nada, solo una mirada larga, hasta que él dijo: sí, soy yo, Pedro, Pedrito el trovador.            Subieron por el pasaje de gradas y luego caminaron por un pasillo hasta llegar a una habitación espaciosa que olía a sándalo. Entraron. Ella puso el cerrojo a la puerta, “para que no nos molesten”, alcanzó a decir. El bullicio del primer piso ahora se desvanecía, una luz débil perfilaba sus rostros. Se sentaron en un sofá verde de pana.            —Envejeciste demasiado, Pedro.
Él se encogió de hombros.—No pensé que te vería de nuevo —dijo ella —¿Este negocio?... No podía olvidar los viejos tiempos. Lastima que Luisa no esté aquí, imagínate cuánto se hubiera alegrado.
                 —Pero, ¿cómo?... si el cantinero la mencionó...
              —La pobre murió a los pocos meses de irse con el bruto que se la llevó al  Sur. Imagino que para vos fue difícil que nos desapareciéramos, como si nada. Pero, créeme, ella nunca quiso dañarte.            A Pedro Ramírez jamás se le había cruzado la idea de que Luisa estuviese muerta.
            —Falleció al dar a luz. Murió sola y su alma, ese bárbaro la abandonó en cuanto supo que estaba embarazada.—¿Embarazada? —dio un brinco Pedro. Ella asintió con la cabeza.
            Un silencio turbio horadó la habitación. Adelina había dicho la verdad a medias, bien supo doblegar un cosquilleo que le venía del pecho a la garganta. Ella parecía ahora distante, se entretenía observando cuán gastados estaban los tacones de sus propios zapatos.
            Pedro dejó el sofá y fue a pararse atrás de la ventana, corrió la cortina y se puso a ver hacia la calle. No había nada que observar, a no ser la penumbra de estos lares y el despecho de la luna ocultándose del hemisferio. Mantenía la mirada fija en dirección a la ciudad que se dibujaba en sus ojos, no la de ahora, más bien la de antes... "su ciudad”. Amagó como si fuera a chocar el puño contra la pared; se contuvo, lo estrelló contra la palma de su otra mano.                               —¿Y su hijo...?
            —Hija, querrás decir… ¡Se llama Luisa!, la recogí desde recién nacida. Para ella soy su madre —contestó, al cabo que se iluminaba su cara—. A ella se refería Arnoldo, el cantinero. ¡Pobrecito!… te confundiste.
            —Me gustaría conocerla, se le ha de parecer mucho.            —Bueno, ahora no puede ser —alegó—. Agarró una gripe, ¡estos cambios de tiempo!, la pobre, tiene calentura y… hace ratos que se durmió.
            —Tenés razón, además la muchacha no es de mi incumbencia.

            Pasaron las horas, la conversación iba y venía, remontando las capas de los años. Una tasa de café y una galleta de arroz fue la cena de Pedro, pero tampoco es que tuviese apetito. Cuando el ritmo de las palabras iba cayendo ora en la monotonía, ora en frases entrecortadas que competían con el silencio, ella se fue a recostar en la cama, con las almohadas contra la pared a modo de respaldar. Él se acomodó mejor en el sillón, y ya casi no hablaba. Adelina, sin freno, tomaba de nuevo aire y volvía a repetir con detalle cómo había sido capaz de montar el negocio, embelesada y orgullosa de su propia suerte, sobre todo al compararla con la de Pedro. Una batería de ronquidos la advirtieron del porqué Pedro ya no respondía. No quiso despertarlo, apenas, terminó de acomodarlo en el sofá; buscó una sabana en el armario y lo tapó. Pedro dormía, como una rosca, con los zapatos puestos.
            Destellaron las primeras luces del alba, pero la ciudad aún no se despabilaba. Él se despertó, pasmado, al darse cuenta donde estaba. Como una centella vinieron a su mente los incidentes de la noche anterior, con un inocultable sabor amargo. Dobló la sábana y la puso en el extremo del sofá. Pretendía salir sin despedirse, para no incomodar a la mujer que dormía en la cama, pero Adelina ya estaba despierta, o quizás, no había pegado los ojos en toda la noche. Al avanzar para abrir la puerta, ella le dijo adiós, sin moverse de la cama. Un adiós amable pero sin visos de continuidad, como si lo que platicaron durante la noche bastaba para no verse durante otros veinte años. O nunca más. Pedro no se volvió para verla, sólo alcanzó a contestarle también con un adiós seco, desalentado, como queriendo dar a entender que sería muy distinto si en lugar de ella, fuese a Luisa a quien hubiese encontrado. Ni siquiera insistió en conocer a la muchacha. Le dijo que otro día vendría a visitarla, aunque lo expresó con desgano.           Pedro Ramírez volvió a las calles bajas. Como no eran más de las siete de la mañana, nada parecía vivir allá afuera; apenas, el paso de uno que otro vehículo y ladridos lejanos de perros. Desandando el camino que lo había llevado hasta el Puerto Azul, encontró de nuevo el mismo bar en el que ayer escuchó el bolero. Para su sorpresa, continuaba abierto. Adentro, solamente estaba un cliente: un hombre que no parecía estar en sus cabales, tumbado en la silla de madera con la cabeza recostada sobre la mesa. La música volvió a sonar, la misma canción, esta vez escogida por Pedro. El parroquiano reaccionó y alzó la cabeza, reconoció de inmediato la figura contrahecha del hombre del bordón.
            —¡Otra vez usted! ¡Vaya que nos gusta la canción! —dijo, emocionado. Enseguida, con un quiebre en la voz que denotaba ruego, agregó—: ¿Ahora no me va a rechazar la invitación?      
_Muy amable, pero sólo deseo escuchar la música —se rehusó otra vez. Cuando salió del bar empezó a sentir el ardor del sol, aunque todavía el pavimento se veía mojado por las lluvias del sábado. Compró el diario en la esquina, cerca de una terminal de buses, en medio del jaleo de la gente que compraba billetes de lotería para el sorteo de las diez. Reparó en que aún quedaban algunas monedas en su bolsillo, se acercó a un puesto de frutas y le ajustó para un pedazo de sandía, caminó algunas cuadras hasta una pequeña plaza en forma de triángulo. Se acomodó en una de las bancas y sin perder tiempo sacó un lápiz para ponerse a llenar el crucigrama. Pero no podía concentrarse, una inquietud lo espoleaba desde hacía un par de horas. Pensaba si valía la pena regresar algún vez donde Adelina, y por qué no, conocer a la hija de Luisa.
            Al terminar de comerse la fruta, lanzó la concha al tonel que estaba a unos pasos de la banqueta, al tiempo que dijo:
            —¿Por qué no?...

Fuente: Del libro de cuentos: La plaza de los poetas (2006).

Imagen



Otoño 

 Otoño. Pintura de Connie Tom
Pintura acrilica de Pintura y artistas, blog de Cristina Alejos http://www.pinturayartistas.com/pintar-el-otono/
Fuente Otoño. Pintura de Connie Tom
Para ConnieTon ,Ver :http://connietom.blogspot.com/

Entrevistas:J. Enrique Cardona Chiapas: hay un reflejo vital entre poesía y poeta

J. Enrique Cardona Chiapas: hay un reflejo vital entre poesía y poeta


Entrevista por Salvador Madrid  (Escritor, poeta, gestor cultural  y critico literario Hondureño)




  El poeta J. Enrique Cardona Chapas. Fuente de foto (no hay fuente en el original) 


J. Enrique Cardona Chiapas:
hay un reflejo vital entre poesía y poeta

La poesía de Cardona Chapas indaga la trascendencia humana ante el silencio, el hastío, la imposibilidad y la muerte.


Ese otro que va por la ciudad no es un fantasma para el poeta, y si lo es, sin duda arrebatado a sido, salvado o simplemente nombrado del modo más humano en el poema. Esa sería la imagen para acercarnos a la poesía del poeta J. Enrique Cardona Chapas en su primer libro “Los dobles espejos” (1995), un libro que traza una mirada lejana sobre los días bajos entre la guerra fría y la quejumbre del hastío de cierta deriva ideológica de la década de mil novecientos noventa. Una poesía transparente, descriptiva, pero honda, y ese su acierto esencial: el ritual íntimo entre la realidad y quien la nombra, una furia agazapada, una ternura cuya vocación se contiene entre el pánico de los días difíciles. En cierto modo esta poesía es silencio y testimonio del silencio “sólo existe el vacío enorme/ de un tiempo ahogado en cenizas/ y el deseo/ de abandonar esta ciudad por otra ciudad/ como una ausencia en otra ausencia.”.

Y Cardona Chapas es de ese modo, silencioso; así ha trazado su mapa personal en estos últimos veinte años, buen lector de literatura y filosofía, esas son sus mayores inquietudes, sus saltos mortales de Homero a Hördelin a Pond a Kavafis a Broch, la insistencia en los retazos que tenemos de sus apreciaciones sobre Edilberto Cardona Búlnes; ha hecho su trabajo reseñando en artículos sus apreciaciones de un modo honesto como un lector que a nadie quiere iluminar, sino más bien encontrar entre el azar esas otras preguntas que alumbren su silencio.

Su segundo libro “La ruta del hastío” (2006) es la vuelta a encontrarse con aquel camino de sus primeros poemas o de sus primeras inquietudes y temas; sólo que es una poesía aún más personal, absorta en si misma pero no como acto literario, sino revelando en ese tono conversacional y reflexivo de sus poemas breves, un mundo más complejo aún, porque no sólo retratan estados mentales o emociones, sino que se aferran a la reflexión; en cierto modo materializan experiencias o instantes que no se evocan con inmediatez, sino que han sido sopesados en la duermevela de la conciencia; es así que la poesía de Cardona Chapas, está lejos de la acumulación de reflejos primarios de la realidad como materia prima del texto o como sorpresa, es más bien otra cosa: la suma de indagaciones y reflexiones sobre qué cosas o qué instantes pueden ser trascendentes para el hombre, y la trascendencia aquí no quiere leerse como eternidad, sino como juicio vital para encontrar más allá de la apariencia aquello que podemos salvar o que puede salvarnos para otra vez creer aunque al final seamos apenas unos seres que alimentamos el corazón para darlo de carnada a la muerte. En su poema sobre Hamlet, Cardona Chapas lo dice mejor, con desdén y humor: “una seria calavera/ con una seria sonrisa eterna” y luego en un verso aislado, redefine el lugar exacto, la geografía espiritual donde hemos sido convocados: “junto al insepulto cadáver de la felicidad”.

Les dejo fragmentos de una entrevista con el poeta J. Enrique Cardona Chapas y una muestra de su poesía.


¿Cuáles serían los momentos emblemáticos de su primera cercanía a la poesía?
Es difícil. No puedo decir en qué momento tuve claro el hecho de escribir poesía, pero si puedo decir que cuando empecé a leer poesía con una conciencia clara en los albores de la adolescencia, lo hice con una emoción que ahora me siento incapaz de concebir. Cernuda, Guillén, Eliot, Stevens, Kavafis, Ungaretti, Montale, Pavese, Pound, Jiménez, Neruda, Vallejo, Paz, Jaime Sabines, y muchos más, eran las puertas de un cielo onírico, estético, difícil de sintetizar.

¿Qué poetas hondureños son importantes para usted, ya que de algún modo motivaron sus inquietudes?
Guardo mucho agradecimiento con varios poetas hondureños, en distintos momentos, porque me ayudaron a descubrir una vocación poética y una vocación intelectual, y aunque ahora, muchos de ellos naveguen personalmente por rumbos distintos, es imprescindible mencionar para mí, a Livio Ramírez Lozano, José Luís Quesada, Rigoberto Paredes, José Adán Castelar, Galel Cárdenas, Nelson Echenique y David Díaz  Acosta, y en un proceso de amistad, desde la poesía a un conocimiento más amplio en el saber humano, a Segisfredo Infante. Como bien lo fue Ramón Oquelí que no fue poeta, pero en su biblioteca era común la buena poesía contemporánea y su sabiduría poética era igualmente asombrosa ya que era uno de sus placeres constantes.

“Los Dobles Espejos” es su primer libro. No encontramos en él un centro definido ¿A qué se debe?
“Los Dobles Espejos” es como el primer pecado de todo escritor joven que se atreve a dar luz sus primeros intentos literarios, sin que se tenga claro muchos aspectos poéticos y ni siquiera una posición intelectual frente a la existencia. De ahí que pueda resultar tan diverso sin una especie de centro discursivo,  tal vez de emociones dispares. Aunque de hecho la pluralidad en un contexto intelectual más amplio es vital para no repetirse.

Pienso que el libro se construyó como la suma de una producción dispuesta al azar, y en distintos tiempos; esa imagen se determina a primera vista, aunque tal detalle le da riqueza al libro.
Puede decirse que es un reciclaje poético de la adolescencia en un espacio de cinco o seis años (tenía veintidós cuando se publicó). La aparente distancia temporal son los avances en el conocimiento o en la forma de escribir poesía, con ciertos intereses enfocados hacia la realidad circundante, muy por encima del ensueño o la pura cursilería estética, que se viene dejando atrás de cada poema o página.


Creo que su libro “Los Dobles Espejos” es heredero directo de las poéticas hondureñas de los setentas y ochentas, aunque evoluciona en su manera de enunciación.
Si se fija uno quienes son los primeros poetas que lo orientan no es tan fácil sacudírselos. Desde los libros que te prestan a la opinión de cada uno sobre lo que es la poesía y cómo y qué tema debe escribirse. Los poetas que he mencionado eran los únicos por los cuales se podía tener acceso a la buena poesía, pero una poesía acorde a sus intereses poéticos. Más allá de estos préstamos de libros, las librerías nuestras no han sido de mucha ayuda para los intelectuales con afanes más serios, o con el deseo de conocer otras poéticas. De igual manera no soy tan ordenado, ni lo era para solicitar libros al exterior como lo hacen otros intelectuales hondureños para estar al día con lo que sucede en el mundo de la literatura. Mi conocimiento como que va más lento. De ahí que no haya otra herencia poéticas más que esa.

Nos habla de su producción literaria inédita
Pozo vacío con ideas que solo revolotean, versos aislados que no son llevados al papel. Más prosa que verso, más artículo que poesía y en un proceso de reordenamiento de intereses intelectuales es lo que me mantiene sin obras inéditas y más con hojas volantes.

¿Cuánta atención debe mostrar el poeta respecto a la técnica?
La técnica es vital ya que le permite al poeta evitar el facilismo, el cual se confunde muchas veces con la sencillez o la espontaneidad poética.

Es posible que por venir de una poesía como círculo cerrado me sienta más a gusto con cierta técnica de lenguaje y expresión precisa. Pero depende de igual manera de las formas en que se encierre la expresión poética para obtener una mejor atención de cualquier lector, que no sea la mera experimentación sin las reglas precisas para violentar ciertas normas. De hecho el crítico Francés Jean Cohen dice que el lenguaje poético es un anti código del lenguaje normal, depende solamente del escritor romper esos códigos a través de sus técnicas personales.

¿La experiencia de vida del poeta y la poesía conviven en franca armonía?
Desde luego, hay un reflejo vital entre poesía y poeta. El poeta escribe lo que siente, o escribe lo que aparentemente el mundo necesita. O se involucra en los viejos y nuevos temas de la humanidad para sentar su propia visión personal.  Lástima grande resulta que el poeta en el mundo actual vaya perdiendo su halo de misticismo, de misterio o de gurú y a la par surjan otros dioses peligrosos para el ser humano.

¿Con qué poetas siente cercanía generacional?
Con Fabricio Estrada, Salvador Madrid, Heber Sorto, Elisa Logan, Nelson Echenique, Rebeca Becerra, Rodión Amadeus, Yovani Rodríguez, Gustavo Campos, y además con otros cercanos a mi generación entre poetas y prosistas como José D. López Lazo, Leonel Alvarado, José Antonio Fúnes, Nery Alexis Gaitan, y David Díaz Acosta.

¿Qué piensa de  las relaciones generacionales en Honduras?
No las veo tan claras más allá de las amistades personales.


¿Hay alguna especie de compromiso entre el escritor y sus lectores?
Debe haberlo en el sentido de la calidad, de la producción y de la madurez para resaltar los intereses humanos, fuera de todo didactismo y de la autoayuda.

Hemos leído algunos trabajos suyos sobre la obra de Cardona Búlnes, es de los pocos escritores que constantemente hacen memoria de tan emblemático poeta…
El ensayo sobre Cardona Búlnes es un primer intento auspiciado por la intuición. Una calca a una obra que insinúa muchos ángulos para el estudio erudito y para la crítica literaria. Quizás en el futuro con mejores armas intelectuales y el acceso a la obra inédita se perfeccionen esos intentos y recordatorios. Pero me interesa la poesía hondureña escrita desde los sesenta del siglo pasado a la época actual para escribir un ensayo panorámico, como también aquellos poetas que por el mero goce estético nos preceden en la historia literaria como Molina, Domínguez, Cárcamo, Fontana, Paz.



POEMAS DE J. ENRIQUE CARDONA CHAPAS


LA CIUDAD QUE HABITAS
Miras la ciudad
al borde del paraíso
es una sombra deslumbrante en tus ojos.
Llevas su máscara.
Conoces las madrigueras de los lobos,
el harem donde remojan su corazón de ternura
y la hora exacta del escándalo.
La limpidez de los escaparates,
la calma engañosa de los parques públicos
y el insomnio de las estatuas.
Los días no tienen fin ni comienzo
sólo existe el vacío enorme
de un tiempo ahogado en cenizas
y el deseo
de abandonar esta ciudad por otra ciudad
como una ausencia en otra ausencia.

HASTÍO
Los huesos del alma triturados.
La vida sin su espejo
y el mundo visto sin espectador
semeja otra vez el vacío
cuyo oro no me sirve
mientras acuno la morbidez del perezoso,
del cadáver falto de ternura
buscando erguirse como una exhalación,
con su frío desdén
y esta manera de respirar
y morir con los ojos abiertos.

III
El joven príncipe Hamlet
ve que el destino es un bufón,
una seria calavera
con una seria sonrisa eterna.
Inventa la locura
para burlar los designios
y saborear la venganza
si es que la venganza
se puede saborear.
El juego de dados:
el azar nos es coraza
y el veneno, frío, espeso, inevitable,
entraña en la sangre
y su muerta memoria,
no escuchará al fin las honras y las glorias
del príncipe extraño.


OTOÑO
Se desprenden hojas secas de tu cuerpo.
Basta ponerse debajo para clamar
tu asfixia.
Entonces amo tu desnudez
esa transparencia única tras la cortina
que adopta formas deleitosas.
Algo estalla como un mar furioso
dentro de tu vestido falso.
Advierto perfumes que conducen
con ojos ciegos a ese monte vertiginoso.
Eres tú, mía
abierta
para ahogarme en esa morada
lejos de las bestias.

AYER EN LA TARDE
En los huecos de los barrancos
escuchaba risas llantos confusiones
y vi las serpientes encantadas.
Las dulces mesas fueron de pájaros alegres
y me preguntaba por qué borran las imágenes
sudadas en las vidrieras.
Gritaba mi nombre en lo alto y no había eco.
Recordé una niña que iba sonriendo por las calles
y al ver mi rostro sus ojos se volvieron tristes.
Ayer en la tarde en un canto decía:
¿Qué estoy haciendo aquí?


POEMA PARA RECORDAR UN DÍA
Amaneció.
Un fantasma ronda cerca como un ángel.
Los perros llenaron la oscuridad de lamentos
después de husmear los demonios.
A través de un cristal polvoso,
miro el mundo donde nací
una mañana de cometas fugaces.
Entro al umbral de una mansión
donde no hay habitantes
sino candelabros de un fuego íntimo y desaparecido.
Escucho las campanas
mientras, muere la tarde
en vertiginosos instantes
y se hunde el sol
y se borran las cosas queridas
las cosas que por su nombre llevan mi rostro.


LOS VAGABUNDOS
En esta hora
ardiendo en la punta del día
los vagabundos duermen en el centro de la ciudad.
Bajo la mirada impasible de los transeúntes
se desperezan como serpientes
y huyen hacia otros lugares
en busca de los caminos no andados
para luego desaparecer
en las fauces de la noche.


Publicado por Salvador Madrid 
Fuente:El Blog del poeta Salvador Madrid , ver http://salvador-madrid.blogspot.com/search/label/J.%20Enrique%20Cardona%20Chiapas%20%22hay%20un%20reflejo%20vital%20entre%20poes%C3%ADa%20y%20poeta%22