Cuento:Alfonsina

Alfonsina  (o la cosa más extraña)

 (Cuento experimental)

Primera Entrega 

Mario A. Membreño Cedillo, (Escritor Hondureño)


“The estrange thing was, he said, how they screamed every night at midnight.” On the “Quay at Smyrna”.  Ernest  Hemingway.

“The woods are lovely, dark end deep, /But I have promise to keep, /and miles to go before I sleep;/… “. “New Hampshire”. Robet Frost.
                                                                        
Il s´agit de savoir  si quelque  chose meurt  de cette soirée ou si quelque chose  y commence, dit –elle doucement. «Le Défi».  P. Sollers


Selecciones 

I. EL VIAJE A ARCADIA
¿Por qué ella irá –se preguntó él- el sábado y no el domingo? Ella tampoco sabía porque Alfonsina iba a ir al parque el sábado. Como siempre ellos la  habían citado para el domingo y no para el sábado. Ellos caminaban por la avenida Libertadores pensando en llegar al Parque O’Higgins. Por la avenida los autos pasaban veloces, y por las anchas aceras iban y venían  apresurados transeúntes de inconcretas miradas. Ellos pasaron viejos almacenes de relucientes vitrinas,  atiborradas de maniquís que vestían la ropa de temporada. Los colores veraniegos que sugerían playas ribeteadas de blancas arenas  y aventurados  viajes. Ellos marchaban fulgurantes, encaminándose a la estación  del metro, y pasando fugazmente  anodinos  cafeterías que despedían una telaraña de  olores de café y de frituras, que rompían  soberanamente la candorosa  oleada de la frescura inmediata de la mañana. Por la Libertadores, ellos transitaban despreocupados, sin prestar la atención a lo que los rodeaba, franqueando pensamientos díscolos como si fuesen pensando  que caminaban regocijadamente por la blandura de una playa irreducible.  O  ellos estuviesen internándose dócilmente  entre la claridad de luces y el desasosiego de las sombras de un tupido bosque de pinos y abetos. They were walking by the road,  hasta que casi instintivamente se pararon en la esquina, esperando  pacientemente la luz verde de peatones. Cruzaron la calle junto a un grupo de jóvenes,  que peregrinaban envueltos en un susurro de voces, que ahogaba el paso firme de sus pasos y liquidaban el paso vertiginoso de los autos y sofocaban la ronda de bocinas de los autobuses, que aullaban como lobos corriendo en círculo en una jaula de aire.  Y entre aquel tumulto  de  voces y aquella orquestación de bocinas ellos siguieron progresando en su recorrido, hasta que vieron a los  jóvenes  que  entraban como un enjambre de palabras al cine Normandía. Ellos cambiaron miradas, y por un momento los asalto una curiosidad  pasmosa, de querer  entrar con aquellos jóvenes al cine. Pero solo lo pensaron, lo pensaron remotamente, casi sordamente como un paisaje brumoso. ¿Por qué no quedarse plácidamente en el Normandía y romper de una sola vez y para siempre aquella imperecedera costumbre? Pero, sin dirigirse la palabra prefirieron continuar  caminando, tal y como siempre lo habían venido haciendo  todos los domingos. Sin cambiar el itinerario, y después de dejar a sus espaldas el Normandía,  siguieron impávidos, vueltos totalmente a lo suyo,  con media ciudad a cuestas, y dejando también  atrás el penacho verde del cerro Santa Lucía, rayado en escalinatas de turbia piedra cobriza y salpicado en negras estatuas. Con el recuerdo que entre semana por las tardes, aquel parque se llenaba de colegiales corriendo y bajando como torrente de risas. Pero no era entre semana sino fin de semana. Las parejas se la pasaban huroneando el cielo; y ocasionalmente se veían turistas subir con una cara de curiosidad enfilando sus vistas a las estatuas que cuando les llegaba directamente la luz del sol  parecía mas vivas que la gente. Y mientras ellos prolongaban su recorrido, el cerro se iba achicando y las estatuas se iban quedando como lo que son: mudas sinuosidades de mirada fija  e impasible. Pero, ¿por qué todas las estatuas son negras?

II. En el subway 
Después de llegar a la boca de la estación, bajaron las anchas gradas salvando una corriente de gente que subía afanosamente a la superficie; y casi empujados por otro torbellino que bajaba presurosamente a los andenes. Puestos ahí, después de comprar los boletos, sin siquiera mirar al que los vendía, solo un trueque de manos como el relámpago de un saludo anónimo, y ya con los boletos  que los trasportaría  al  parque. Se dispusieron a esperar el metro. Pero ahí estaban, they were here, rodeados de otra nube de voces que apenas eran murmullos y una espera que no era infinita porque, aunque todavía no se veía el metro, se anunciaba con el movimiento nervioso de los que lo esperaban. Y que lentamente empezaba a moverse como un solo cuerpo dispuestos a asaltar los vagones o saltar a una trinchera abierta como una herida en un pasaje inhóspito. Eso era todo. Ya se oía en la embocadura del túnel, el zumbido, y antes de verlo volvieron a oír su inconfundible marcha.

Seguramente ella  estará esperándonos en el parque”, pensó él. Al tiempo que, el metro pasaba, dejando atrás y atrás y atrás, estaciones iluminadas en que solo se veían, momentáneamente, vistosos carteles adosados a las paredes de las iluminadas estaciones, promoviendo maravillosos viajes a la Isla de Pascua; y exhibiendo hermosas mujeres, que con manos impecables y nítidas, descorchaban y cataban vinos de gran solera. Y sus rostros eran tan nítidos que parecían reales, tan reales parecían que cualquiera pensaría que estaban a punto de hablar. Y sus cuerpos definitivos eran tan compactos que uno creería que aquellas provocativas mujeres, de piel perfectamente matizada y de labios rojos encendidos en brillos delicados; en cualquier momento, saltarían de los carteles, caminarían sólidamente por el relumbrante anden; y entre delicadas sonrisas y miradas sorprendidas, subirían  al metro. Y algunas de ellas, completamente inequívocas y rodeadas de un encanto natural, se sentaría concluyentemente al lado de uno. Entonces, cabalmente se podría pensar que uno estaba cómodamente sentado, haciendo un fabuloso  recorrido en el metro, con la rara impresión de llevar un pájaro batiendo las alas silenciosamente dentro de la cabeza; y a su vez,  ir perfectamente acompañado de  una hermosísima mujer de puro papel. No había más que eso, eso era todo lo que había, no podría haber más que un túnel de sombras y estaciones luminosas, llenas con carteles de mujeres que parecían casi reales. Mientras tanto, el metro todo iluminado, seguía avanzando  por el apocado  túnel, y  cada vez que se detenía en una estación, en un en un santiamén se abrían las puertas de par en par, y se levantaban mecánicamente los pasajeros, formando una corriente de cabezas que se estrechaba en las puertas magnéticas y se desparramaban en colores por los andenes. Ellos  salían y entraban anónimamente hasta que al cerrarse las puertas, y atestarse de efímeros pasajeros con rostros que uno no volvería a ver; enmarañados en  siluetas y perfiles que abordaban el metro cargados  de una leve y secreta vehemencia por llegar  felizmente a algún lugar cálido, o quedarse eternamente sentados en aquel mundo subterráneo y móvil. En que todos eran tristemente iguales;  mientras sus manos potentes se aferraban a los pasamanos y sus miradas disimuladas se perdían en el trajín de un vagón repleto de cuerpos, que anunciaban una somnolencia que lejanamente esperaba transformarse en una corriente inusitada de vitalidad y anhelo por salir a flote. Entonces entre gente y sueños, entre las nueve de la mañana y aquel cúmulo de peregrinos, el metro volvía sigilosamente a poner su maquinaria  en expedito movimiento. Dejando atrás estaciones iluminadas y seres que esperarían otros  vagones para ir a bajarse a otras tantas estaciones alumbradas, en que otros tantos puñados de gente subiría con las mismas posibilidades. Mientras, el vagón completamente iluminado y limpio atravesaba túneles uniformemente despejados. Entonces uno pensaba que todo era suave y hermoso. Que aquel era el preámbulo a un sueño perenne, un viaje avanzando hacia un horizonte imperecedero de luz. They were walking by the road, toward the white sand, and the sea very still like a postcard. However, there was nothing. Only was a dream, a effortless dream...was a forest, one face, un rendezvous, a still vision.


XII. EL CÓNDOR PASA
-Que raro- prorrumpió ella- Ese hombre si es extraño.
-No tiene nada de raro, escuchamos que alguien decía a nuestras espaldas. Era la voz de un viejo de cara ovalada, barba luenga, abundante y canosa. Nosotros los vimos estupefactos. Al principio pensamos que la cosa no era con nosotros, y como no era con nosotros, nos dispusimos a marcharnos. Pero  el viejo, que vestía un traje negro y usaba una camisa abotonada sin cuello; mirándome directamente a los ojos,  dijo:

-Ese hombre dijo señalando hacia la arbolado por donde se había perdido el clarinetista. No tiene nada de raro, pero yo si se cosas vertiginosamente extrañas. Nos quedamos en silencio por un instante, hasta que ella, sin vacilar se adelanta  unos pasos y encarando  al viejo, exclamó:
-Si -dijo ella- con un aire de curiosidad en su rostro, y luego preguntó ¿Y  cuáles son esas cosas? Yo me quedé callado, viendo al locuaz anciano que en  su semblante parecía tener visos de loquera. Por lo que estuve a punto de marcharme. Pero el viejo, como si hubiera adivinado mis intenciones cambió su  rostro temerario y con voz serena narró:

-Si, yo si he visto cosas extrañas. Sucedió en París, siempre que salía  solía, oh chaminer pour  les Champ Elysees, hasta que un día vi a un hombre sentado sobre la grama, tocaba una canción con su flauta, los transeúntes solían escucharlo un rato y lanzarle un franco en su sombrero de fieltro. Vi esa escena muchas veces, el hombre siempre tocaba la misma tonadita. Yo la conocía, vaya, que la conocía, era la canción “El cóndor pasa”. Por varias semanas lo vi tocarla, hasta que un día involuntariamente me le acerqué más de lo que solía hacerlo, y ya ahí francamente le pregunté: “¿Por qué siempre toca la misma canción?” El hombre de cara aindiada, posiblemente peruano o boliviano, levantó su cabeza, y una mirada aquilina amaneció en su rostro, y sin ambages me contestó: “Porque esa es la única canción que yo  conozco y porque esa es la única música  que me llega al alma”.  Pronunció aquellas palabras con tal vehemencia en su rostro  y con tal convicción en su voz, que por un momento no supe que hacer, ni que decir, ni que pensar. Acto seguido aquel hombre,  resolutivamente se paro, levantó sus brazos ligeramente arriba de la altura de los hombros, abriéndolos como dos poderosas alas transparentes, echó un vistazo a su alrededor, enseguida me vio eficazmente a los ojos; distinguí que en sus ojos revoloteaba un brillo de vehemencia, y frente a mí, se transformó en cóndor y voló inmaculadamente por los festivos cielos de París.


XV.  CAMPO IMPRESIONISTA


Después de que el horizonte de paraguas desapareció; el  campo,  que quedó vacío como una plaza a media noche bajo una luna escondida detrás de una cordillera de  nubes, que se va trasformando misteriosamente en una arquitectura de cosas transparentes. Era como ver una de esas calles baldías  a las tres de la tarde, a las tres en punto de la tarde de un sórdido domingo, en que uno nunca cree  que sean las tres en punto de la tarde hasta que son las cinco de la tarde. Entonces o ve el reloj y descubre que son las cinco de la tarde pero sigue pensando que  son las tres  de la tarde, aunque sean las cinco de la tarde. Pronto nos percatamos de un ligero movimiento entre la lluvia. Algo se movía entre la lluvia, alguien corría, vimos a alguien correr, era un hombrecito que vestía de negro, dando menudos saltos; y luego grandes zancadas. Detrás de él corría, lo que parecía ser un perro. Y si era un perro porque empezó a ladrar. Entonces, el hombrecito de negro se detenía, parecía tomar aire, y ahí parado taba los brazos horizontalmente a la altura de sus hombros, luego los bajaba, y continuaba corriendo. Todo le hacia con tal parsimonia como si no se hubiese dado cuenta que estaba lloviendo; Y mientras tanto, el perro también  se detenía; y al momento que el hombrecito empezaba nuevamente a correr, el perro volvía a  perseguirlo siempre endiabladamente  ladrando como si persiguiera una sombra inalcanzable. Era solamente un solo perro, que ladraba tanto como si fuese un horizonte de ladridos. Además, no había ningún rió cerca. Pero, quizá en el Mapocho, si había un horizonte de perros ladrando cerca del rió. El acto se repitió varias veces a campo abierto, hasta que antes de llegar al término del campo, el hombrecito de negro vio el reloj de su muñeca y comprobó absolutamente  que eran las tres de la tarde, aunque  de lejos parecía que fuesen las cinco de la tarde. Entonces,  el hombrecito giró bruscamente hacia la fuente, la cual apenas se distinguía entre la borrosa cortina de tono grisáceo que amontonaba el agua del chorro vertical de la fuente  y la lluvia  que caía a torrentes. A lo lejos el hombre de negro, apenas era una silueta negra, y la fuente  sólo era un contorno y una masa difusa de luces y sombras. Entonces, el hombrecito empezó a dar vueltas a la fuente, y tras él, también el perro emprendió su persecución   hasta que frente a la fuente, súbitamente, el perro se detuvo, alzó su cabeza, tenso sus patas, erizo su pelo, pausadamente  inclino ligeramente su cuerpo hacia delante. Luego, vio fijamente la colosal fuente y empezó a ladrarle al vigoroso chorro de agua que caía en miles  de gotas, sobre la superficie plana de la fuente. Entonces, y vaya a saber por qué, cómo y desde dónde  alguien se le ocurrió to take a picture, todo quedo fotografiado: la escena del hombrecito, el perro negro tan empapado que parecía blanco aunque fuese definitivamente negro como una noche negra en  un día sin color. De ahí para delante  fuente circular de piedra y chorro vertical que sube, y aguacero horizontal que se desploma como  se desploman los techos en un feroz aguacero. Todo amablemente fotografiado menos, las  tres en punto de la tarde en algún reloj de muñeca que marca las tres en punto de la tarde. Aunque pareciese que no son las tres en punto de la tarde sino que  en un señorial reloj de pared de una antañona  casa con un zaguán morado de violetas,  acaban de dar inquebrantablemente las cinco en punto de la tarde, mientras cerca de ahí un horizonte de niños juega a las estatuas de marfil; y calle arriba huye un horizonte de paraguas.




XX. LAS NUBES EN EL ESPEJO
EL
Fue hasta el domingo siguiente que ellos volvieron al parque por las gaseosas que la esposa del heladero no les había dado el domingo pasado; cuando ellos supieron que definitivamente Alfonsina ya no vendría nunca más al parque. El aún recordaba el encadenamiento  de los hechos. Lo de la lluvia había sido el domingo anterior. Fue el domingo en que ellos se empaparon como si fuesen  árboles en la explanada. Él recordó que luego vieron al vagabundo que marchaba por la calle tocando su clarinete; y tras él,  le seguía un tropel de gentes enervada  por la música. Eso fue cuando la lluvia ya había pasado, y las nubes, ordenadamente, se desplazaban disciplinadamente en silente caravana.  Al día siguiente él la llamó a su casa. Recordó que ella se sorprendió por  la llamada, porque él nunca le había llamado por teléfono a su casa. Algo dijo ella de ir a unas clases de piano a la Corporación Arrau, o acompañar a las tías a  Providencia, algo más dijo acerca  de preparar la cena, él recordó  que ella sugirió  algo sobre el tiempo: “hace frío”. Después, cansadamente,  murmuró “es tarde”,  al final casi susurrando dijo  “quizá mañana”. Ella nunca le dijo nada de lo ocurrido aquel domingo y él  nunca supo si las  tías de ella lo supieron. Al final él recordó que ella le dijo,  casi balbuciendo”: He pescado un gran resfriado”.

XXI. EL PODER DE LAS PALABRAS
ELLA
Si, recuerdo bien aquella noche. Él me llamó, nunca me había hecho una llamada por la noche. Recuerdo que me puse nerviosa porque en la salita verde estaba una de mis tías sentada justamente frente a mí. Yo había pasado una tarde algo confusa. Él me invitó a salir, no recuerdo bien a dónde, creo que nunca me lo dijo. Yo lo pensé. Algo le dije del mal tiempo, algo más de que “quizá otro día”. Recuerdo que mientras hablaba con él  mi tía no me quitaba los ojos de encima. Algo más le hubiera podido decir pero no podía hablar tan abiertamente. Al fin, ante sus ruegos se me ocurrió decirle que había “pescado un gran resfriado”. Todo se me ocurrió de la manera más simple,  lo pensé apresuradamente  porque la mesa estaba servida; esa noche cenábamos pescado,  como solíamos hacerlo todos los lunes, era pescado fresco, recién pescado por la mañana, nos lo traían expresamente desde Viña del Mar. Había empezado a llover, llovía, llovió toda esa tarde así que me resultó fácil decirlo. La verdad que yo nunca pesqué un gran resfriado, pero cuando lo dije, nunca pensé que con el tiempo, llegaría a ser una verdad tan  determinante, ni tan impecablemente elegante.


XXII. LAS RAÍCES INEDITAS DE LA MEMORIA

ALFONSINA
Si, yo fui al parque aquél domingo, ellos no me vieron. Estuve a punto de ir a su encuentro, pero los vi tan felices que desistí de hacerlo. Esa misma tarde me fui para Valparaíso. Todo lo había venido pensando desde hace un par de meses. Sabía perfectamente bien que ellos jamás tomarían la decisión que tomaron, si yo hubiese estado allí. Mucho tiempo después, los volví a ver, iban caminando tranquilamente por Vitacura, se veían saludables. Ellos no me vieron. A ella, creo haberla reconocido una vez más, entre un grupo de personas, entrando a una casa opaca en San Diego. Creo haberlos visto una última vez, pero sinceramente no estoy segura; fue pocos días antes del golpe militar de septiembre. Los vi por una calle terrosa por Apoquindo me extraño verlos ahí; si eran ellos  iban con otras personas y  caminaban rápido y sin ver hacia atrás. Pero no estoy tan segura que fuesen ellos. Nunca más los volví a ver. ¿Cómo no recordarme de aquel domingo? Sí que los vi, ellos no me vieron; pero yo si que los vi, ahora ellos ya no pueden verme. Pensándolo bien, creo que jamás en su vida me vieron; y hasta he pensado que si ellos estuvieran aquí, tampoco podrían verme. ¿Cómo podrían verme? Si, seguramente, que ellos no podrían verme. ¿Cómo podrían verme?  Si ellos están irremediablemente  allá y yo estoy felizmente aquí. Pero también podría ser al revés; ellos están allá, tan plácidamente como si fuesen sentados en un vagón del metro y yo estoy aquí en este horizonte de agua.  Pero ¿por qué no se fueron  mejor  al Normandía?

*Escrito en octubre de 2002. Cuento experimental e inédito con los  22 capítulos  programáticos  (a manera de la música programática), que tiene la versión  original.

Libros:La misión cultural del periodismo Por VENTURA RAMOS (Periodista y escritor Hondureño, 1908-1992)


Ventura Ramos en su escritorio de la redacción
del ya desaparecido Diario El Cronista, decano
de la prensa nacional.


El periodista verdadero tiene en cuenta, en primer lugar, los valores del humanismo; la paz; la democracia en el sentido de conjunto de garantías para que los pueblos puedan autodeterminarse; los derechos humanos, a fin de que cada quien pueda escoger libremente su sistema económico, político, social y cultural. En segundo lugar, esa formación humana demanda el dominio de las técnicas indispensables para convertir los datos informativos en noticia.

El principio de la objetividad es la base en que se fundamenta la técnica para elaborar y valorar la noticia. Esta y el reportaje deben ser verídicos. Deben responder exactamente a la verdad, pero no una verdad a retazos, una verdad a medias, sino una imagen completa de los acontecimientos. A este respecto, el Código Ético de la Unesco, emitido con el consenso de unos 400,000 periodistas organizados del mundo, establece lo siguiente:

Artículo 2. La tarea primordial del periodista es la de servir el derecho de una información verídica y auténtica por la adhesión honesta a la realidad objetiva, situando conscientemente los hechos en su contexto adecuado, manifestando sus relaciones esenciales, sin que ello entrañe distorsiones, empleando toda la capacidad creativa del profesional, a fin de que el público reciba un material apropiado que le permita formarse una imagen precisa y coherente del mundo, donde el origen, naturaleza y esencia de los acontecimientos, procesos y situaciones sean comprendidos de la manera más objetiva posible.

Si hacemos el mínimo esfuerzo de aplicar el amplio contenido del artículo 2 del Código Ético de la Unesco a nuestra política informativa, encontramos como generalidad una separación alarmante entre el contenido del mensaje y la técnica predominante.

Esto no quiere decir que el país carezca totalmente de profesionales del periodismo empeñados en dar vigencia a la unidad necesaria que debe existir entre la adhesión honesta a la realidad objetiva y la adhesión igualmente honesta a los valores del humanismo, especialmente en la defensa de la paz, la democracia, los derechos humanos, progreso social, liberación nacional. Hay esfuerzos muy significativos en esta dirección.

Por otra parte, debemos recordar aquí la vulnerabilidad de nuestra cultura común, esa cultura de la mayoría del público, incluso del que ha pasado por las aulas universitarias. La cultura tradicional de las personas alfabetizadas y del gran sector analfabeto consiste en ese saber estereotipado, ese saber convertido en clisé, al margen del proceso evolutivo de los pueblos. La ley de la evolución pareciera que no funcionara y la sociedad de hoy sigue siendo casi igual a la que formaron nuestros antepasados. Esta cultura de clisé no va sola en nuestro medio. Va acompañada y complementada con ese otro factor negativo y de mayor violencia que se llama prejuicio.

De allí que hay que repensar la responsabilidad que pesa sobre aquel sector del periodismo hondureño que aún no ha perdido su nacionalidad, por renuncia tácita o expresa. 

Los periodistas e intelectuales todos no podemos ser ajenos a lo que sucede en Honduras. No podemos escapar a nuestra propia historia nacional. Por ello tenemos que asumir la responsabilidad que nos corresponde como ciudadanos y como difusores y creadores de la cultura que debe orientar al pueblo marginado hasta del pan de cada día.

Debemos partir de un hecho: las clases gobernantes no son la patria, no son la Honduras eterna, la Honduras que mucho tiene que aportar si su pueblo toma la conciencia debida para convertirse en el sujeto de su propia historia, en sustitución patriótica de todos aquellos sectores que claudicaron y se rindieron.

Es nuestra obligación ciudadana sustituir la degradación política en que ha caído el mundo oficial, base sobre la cual descansa la simulación y el ocultamiento de la subordinación que tanto deteriora la imagen de Honduras. La mentira, el engaño y el cinismo oficiales deben ser sustituidos por la verdad y la dignidad que la patria reclama como puntos de partida para recobrar el prestigio perdido en escala internacional.

Extractos de Honduras, guerra y antinacionalidad (Editorial Guaymuras, 1987). Capítulo IV: “El periodismo nacional frente a la crisis”, pp. 123-138). Los subrayados son míos. (MER) 










Un poema de Wislawa Szymborska- Polonia

SÁBADO, 24 DE MAYO DE 2014


Ana Muela Sopeña, editora  

CONVERSACIÓN CON UNA PIEDRA


CONVERSACIÓN CON UNA PIEDRA

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Quiero penetrar en tu interior,
echar un vistazo,
respirarte.

-Vete -dice la piedra-.
Estoy herméticamente cerrada.
Incluso hecha añicos,
sería añicos cerrados.
Incluso hecha polvo,
sería polvo cerrado.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Vengo por mera curiosidad.
Sólo la vida permite satisfacerla.
Quisiera pasearme por tu palacio,
y luego visitar una hoja y una gota de agua.
No me queda mucho tiempo.
Mi mortalidad debería ablandarte.

-Soy de piedra –dice la piedra-
Imposible perturbar mi seriedad.
Vete,
no tengo músculos risorios.
Llamo a la puerta de una piedra.
Soy yo, déjame entrar.
Me han dicho que encierras salas enormes y vacías,
nunca vistas y bellas en vano,
mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie.
Confiésalo: ni tú misma lo sabías.

-Salas enormes y vacías –dice la piedra-.
Pero no hay espacio disponible.
Bellas, quizá, pero no para el gusto
de tus limitados sentidos.
Puedes verme pero nunca catarme.
Mi superficie te da la cara,
pero mi interior te vuelve la espalda.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
En ti no busco refugio para la eternidad.
No soy desdichado.
Ni carezco de techo.
Mi mundo merece el regreso.
Quiero entrar y salir con las manos vacías.
La prueba de haber estado en ti
se limitará a mis palabras
en las que nadie creerá.

-No entrarás –dice la piedra-.
Te falta el sentido de la participación.
Y no existe otro sentido que pueda sustituirlo.
Incluso la vista omnividente
te resultará inútil si eres incapaz de participar.
No entrarás; ese sentido, en ti, es sólo deseo,
mero intento, vaga fantasía.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
No puedo esperar mil siglos
para entrar en tus paredes.

-Si no crees en mis palabras –dice la piedra-,
acude a la hoja, que te dirá lo mismo que yo,
o a la gota de agua, que te dirá lo mismo que la hoja.
Pregunta también a un cabello de tu cabeza.
Estoy a punto de reír a carcajadas,
de reír como mi naturaleza me impide reír.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.

-No tengo puerta –dice la piedra.


Wislawa Szymborska- Polonia


*****


Rozmowa z kamieniem

Pukam do drzwi kamienia.
- to ja wpuść mnie.
Chcę wejść do twojego wnętrza,
Rozejrzeć się dokoła,
Nabrać ciebie jak tchu.

- odejdź- mówi kamień.-
jestem szczelnie zamknięty.
Nawet rozbite na części
Będziemy szczelnie zamknięte.
Nawet starte na piasek
Nie wpuścimy nikogo.

Pukam do drzwi kamienia.
- to ja wpuść mnie
przychodzę z ciekawości czystej.
Życie jest dla niej jedyna okazją.
Zamierzam przejść się po twoim placu,
A potem jeszcze zwiedzić liść i kroplę wody.
Niewiele czasu na to wszystko mam.
Moja śmiertelność powinna cię wzruszyć.

-jestem z kamienia - mówi kamień-
i z konieczności musze zachować powagę.
Odejdź stąd.
Nie mam mięsni śmiechu.

Pukam do drzwi kamienia.
-to ja wpuść mnie.
Słyszałam, że są w tobie wielkie puste sale,
Nie oglądane, piękne nadaremnie,
Głuche, bez echa czyichkolwiek kroków.
Przyznaj, że sam niedużo o tym wiesz.

-wielkie i puste sale- mówi kamień-
ale w nich miejsca nie ma.
Piękne, być może, ale poza gustem
Twoich ubogich zmysłów.
Możesz mnie poznać, nie zaznasz mnie nigdy.
Całą powierzchnią zwracam się ku tobie,
A całym wnętrzem leżę odwrócony.

Pukam do drzwi kamienia.
-twoja wpuść mnie.
Nie szukam w tobie przytułku na wieczność.
Nie jestem nieszczęśliwa.
Nie jestem bezdomna.
Mój świat jest wart powrotu.
Wejdę i wyjdę z pustymi rękami.
A na dowód, że byłam prawdziwie obecna,
Nie przedstawię niczego prócz słów,
Którym nikt nie da wiary.

-nie wejdziesz- mówi kamień.-
brak ci zmysłu udziału.
Żaden zmysł nie zastąpi ci zmysłu udziału.
Nawet wzrok wyostrzony aż do wszechwidzenia
Nie przyda ci się na nic bez zmysłu udziału.
Nie wejdziesz, masz zaledwie zamysł tego zmysłu,
Ledwie jego zawiązek, wyobraźnie.

Pukam do drzwi kamienia.
-to ja wpuść mnie.
Nie mogę czekać dwóch tysięcy wieków
Na wejście pod twój dach.

-jeżeli mi nie wierzysz- mówi kamień-
zwróć się do liścia powie to, co ja.
Do kropli wody, powie to, co liść.
Na koniec spytaj włosa z własnej głowy.
Śmiech mnie rozpiera, śmiech, olbrzymi śmiech,
Którym śmiać się nie umiem.

Pukam do drzwi kamienia.
-to ja wpuść mnie.

-nie mam drzwi- mówi kamień.


Wislawa Szymborska- Polonia
*****
De vorbă cu o piatră


Bat la poarta unei pietre.
-Sunt eu, lasă-mă să intru.
Vreau să pătrund în interiorul tău,
să arunc o privire,
să te respir.

-Pleacă, - zice piatra,
Sunt închisă ermetic pe dinăuntru.
Inclusiv, făcută bucăți,
aș fi bucata închisă pe dinăuntru,
Inclusiv, făcută praf,
aș fi praful închis pe dinăuntru.

Bat la poarta unei pietre.
-Sunt eu, lasă-mă să intru.
Vin dintr-o simplă curiozitate.
Doar viața permite să o satisfaci.
Voiam să mă plimb prin palatele tale,
iar apoi să vizitez o frunză și un strop de apă.
Am timp puțin.
Faptul că sunt muritor ar trebui să te înmoaie.

-Sunt de piatră, - zice piatra, -
Imposibil e să-mi perturbezi sobrietatea.
Pleacă,
nu dispun de mușchi faciali.
Bat în poarta unei pietre.
Sunt eu, lăsă-mă să intru.
Mi s-a spus că ții sub cheie săli enorme și pustii,
nevăzute de nimeni și frumoase în van,
mute, unde nu a călcat picior de om.
Recunoaște: nici tu nu ai știut de asta.

-Săli enorme și goale, - zice piatra, -
Însă nu există spațiu disponibil.
Frumoase, se poate întâmpla, dar nu pentru plăcerea
limitatelor tale simțuri.
Poți să mă vezi dar niciodată nu ai să mă probezi.
Suprafața mea te acceptă,
însă interiorul îți întoarce spatele.

Bat la poarta unei pietre.
-Sunt eu, lasă-mă să intru.
Nu caut în tine un refugiu pentru eternitate.
Nu sunt un nenorocit.
Nu mă consider un boschetar.
Lumea mea merită reîntoarcerea.
Vreau să intru și apoi să ies cu mâinile goale.
Faptul de a mă afla în tine
se va limita la cuvintele proprii
în care nimeni nu o să creadă.

-Nu vei întra, - zice piatra, -
Îți lipsește simțul participării.
Și nu există un alt simț ce poate să-l înlocuiască.
Nici chiar ochii tai atotvăzători
nu te vor ajuta dacă nu ești capabil pe participare.
Nu vei intra; simțul acesta, în tine, e doar un vis,
intenție slabă, fantezie vagă.

Bat în poarta unei pietre.
-Sunt eu, lasă-mă să intru.
Nu pot să aștept secole la rând
pentru a intra în pereții tăi.

-Dacă nu crezi în cuvintele mele, - zice piatra, -
adresează-te frunzei, care o să-ți spună ce am zis și eu,
sau apelează la picătura de apă, ce-ți va vorbi ca și frunza.
Întreabă de asemenea un fir de păr de pe cap.
Sunt pe punctul să râd în hohote,
să râd așa cum natura nu îmi permite să râd.

Bat la poarta unei pietre.
-Sunt eu, lasă-mă să intru.

-Nu am poartă, spune piatra.


Poem de Wislawa Szymborska, traducere în română de Andrei Langa
*****
Vídeo de este poema en Polaco:http://www.youtube.com/watch?v=-CgR9euFS6w

Fuente: Poesía de mujeres. http://www.poesiademujeres.com/


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MAY
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Viaje al fin de la noche
La aparición en 1932 de Viaje al fin de la noche fue una innovación literaria sin igual por parte de Louis-Ferdinand Céline. El lenguaje oral, grosero y muy jergal, escandalizó a los contemporáneos y fue mucho más lejos que escritores que intentaron, antes que él, escribir usando este registro, como Émile Zola.
Su prosa, como su forma de abordar los temas, y los temas en sí mismos, es extremadamente violenta, amarga y quebradiza. Su ritmo es salvaje, acelerado —y en él reposa gran parte del mérito literario del autor—. Su lenguaje es vivo, libre de todo tipo de formalidades, para escribir del modo más expresivo posible.
Céline evidencia una visión del mundo y sus habitantes descarnada y mordaz. Defensor de presentar la miseria sin adornos que la conviertan en una parodia, considera que mostrar la naturaleza humana sin máscaras es un acto de sinceridad. «En Céline la opción en pro de una escritura agresiva, el gusto por las bromas —más exactamente, ocurrencias— y la provocación se apoyan en este caso en una conciencia permanente en su valor como escritor».6
De estilo vivísimo, a veces intraducible a causa de su propensión a imitar el lenguaje oral, influyó profundamente en las generaciones posteriores.
http://descargaebooksgratis.com/2014/05/viaje-al-fin-de-la-noche-de-louis-ferdinand-celine/

Lecturas: Leer una buena novela pone al cerebro en funcionamiento durante más de cinco días


Leer una buena novela pone al cerebro en funcionamiento durante más de cinco días


según una investigación

Leer una buena novela pone al cerebro en funcionamiento durante más de cinco días

  • Los cambios se registraron en la corteza temporal izquierda, un área del cerebro asociada con la receptividad para el lenguaje.

  • Los libreros gallegos denuncian retrasos de la Xunta en el pago de los vales de los libros de texto


Unos científicos han demostrado que la lectura de una buena novela puede provocar cambios reales y mensurables en el cerebro. Y estos cambios pueden verse reflejados incluso cinco días después de haberla leído. Esta nueva investigación, llevada a cabo por la Universidad de Emory, ha sido recogída por The Independent en donde se pone de manifiesto que la lectura de un buen libro puede causar mayor conectividad en el cerebro y provocar cambios neurológicos que persisten de una forma similar a la memoria muscular.
Los cambios se registraron en la corteza temporal izquierda, un área del cerebro asociada con la receptividad para el lenguaje, así como la región del motor sensorial primaria del cerebro. Las neuronas de esta región se han asociado a engañar a la mente para que piense que está haciendo algo que no hace, por ejemplo, sólo por pensar en correr, puede activar las neuronas asociadas con el acto físico de correr.
"Los cambios neuronales que hemos encontrado asociados con los sistemas de la sensación física y del movimiento sugieren que la lectura de una novela puede transportarnos al cuerpo de la protagonista”, dijo el profesor neurocientífico Gregory Berns, el autor del estudio. "Ya sabíamos que las buenas historias pueden ponernos en la piel de los protagonistas. Ahora estamos viendo que algo puede suceder biológicamente".
21 estudiantes participaron en el estudio y todos tuvieron que leerse el mismo libro, 'Pompeya' de Robert Harriz, que fue elegido por su argumento. "La historia sigue a un protagonista, que está fuera de la ciudad de Pompeya notando el vapor y las cosas extrañas que suceden alrededor del volcán", dijo el profesor Berns. "Representa los verdaderos acontecimientos de una manera ficticia y dramática. Era importante para nosotros que el libro tuviera una fuerte línea narrativa".
Una vez que terminaron de leer el libro, sus cerebros fueron escaneados tras cinco días transcurridos. Se encontró que los cambios neurológicos continuaron durante los cinco días después de terminar, lo que demuestra que el impacto no fue sólo una reacción inmediata, pero tiene una influencia duradera.


Fuente Leer más:  Leer una buena novela pone al cerebro en funcionamiento durante más de cinco días  http://www.teinteresa.es/ciencia/Leer-buena-novela-cerebro-funcionamiento_0_1055894994.html#WaQ1H4OcHSVRpqbh

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¿Es una foto? No, es un dibujo a lápiz pintado por una adolescente

 de un retrato hiperrealista dibujado por una joven artista irlandesa de tan solo 16 años con un talento sorprendente.
La impresionante obra, que la joven artista ha titulado 'Coleman', fue hecha a lápiz y es la copia de una fotografía que encontró en un libro.
Shania McDonagh, de 16 años, logró con esta creación ganar el primer premio del concurso de arte infantil de Texaco, una competición en la que en años anteriores había obtenido premios en distintas categorías.
Según explicó a los medios locales la joven artista, tardó un mes en realizar el dibujo de este anciano con el que obtuvo 2.000 dólares.

Shania es "una de las artistas más talentosas de su generación y su habilidad podría convertirla en la principal retratista del futuro", aseguró Declan McGonagle, director del Colegio Nacional de Arte y Diseño irlandés y parte del jurado del concurso. 


Fuente Creadesshttp://www.creadess.org/ 
file:///C:/Users/usuario/Downloads/%C2%BFEs%20una%20foto%20%20No,%20es%20un%20dibujo%20a%20l%C3%A1piz%20pintado%20por%20una%20adolescente.htm