Tres poetas y tres lecciones de vida: Ehrmann, Guillen Zelaya, Kipling. Post Plaza de las Palabras




En esta ocasión  Plaza de las palabras presenta tres poetas, que en su obra y poemas han brindado una lección de vida. El primer poeta es Max Ehrmann, escritor norteamericano, nacido en Indiana. Poeta y abogado, más conocido por su poema en prosa "Desiderata".  El segundo poeta  es Alfonso Guillén Zelaya, quien fue un periodista, escritor y poeta hondureño. Su obra total esta escrita en su libro “El Quintó silencio”, escribió a nivel de ensayo “La inconformidad del hombre”. Vivió una buena parte de su vida en México. El tercer poeta es Ruyard Kipling, más conocido por sus magistrales cuentos, que le llevaron a ganar el Premio Novel de Literatura, también un novelista para jóvenes; y que además, escribió, eventualmente, poemas.

Max Ehrmann
(1872–1945)

Desiderata (del latín desiderata "cosas deseadas", plural de desideratum) es un poema muy conocido sobre la búsqueda de la felicidad en la vida. Desiderata fue publicado en 1948  en una colección de poemas titulada Desiderata of Happiness. Se ha dicho que Desiderata fue inspirada por un impulso que Ehrmann describe en su diario: «Debería dejar un humilde regalo, un trozo de prosa que ha alcanzado nobles honores».





Desiderata

Desiderata

Go placidly amid the noise and haste,
and remember what peace there may be in silence. As far as possible without surrenderbe on good terms with all persons. Speak your truth quietly and clearly;and listen to others,
even the dull and the ignorant;
they too have their story.






Avoid loud and aggressive persons,
they are vexations to the spirit.
If you compare yourself with others,
you may become vain and bitter;
for always there will be greater and lesser persons than yourself.
Enjoy your achievements as well as your plans.




Keep interested in your own career, however humble;
it is a real possession in the changing fortunes of time.
Exercise caution in your business affairs;
for the world is full of trickery.




But let this not blind you to what virtue there is; many persons strive for high ideals;
and everywhere life is full of heroism.



Be yourself.
Especially, do not feign affection.
Neither be cynical about love;
for in the face of all aridity and disenchantment
it is as perennial as the grass.




Take kindly the counsel of the years,
gracefully surrendering the things of youth. Nurture strength of spirit to shield you in sudden misfortune.
But do not distress yourself with dark imaginings.





Many fears are born of fatigue and loneliness. Beyond a wholesome discipline,
be gentle with yourself.
You are a child of the universe,
no less than the trees and the stars;
you have a right to be here.
And whether or not it is clear to you,
no doubt the universe is unfolding as it should.




Therefore be at peace with God,
whatever you conceive Him to be,
and whatever your labors and aspirations,
in the noisy confusion of life keep peace with your soul.
With all its sham, drudgery, and broken dreams,
it is still a beautiful world.
Be cheerful.
Strive to be happy.



Desiderata

Camina plácido entre el ruido y la prisa, y recuerda que la paz se puede encontrar en el silencio.
En cuanto te sea posible y sin rendirte, mantén buenas relaciones con todas las personas. Enuncia tu verdad de una manera serena y clara,y escucha a los demás,
incluso al torpe e ignorante,
también ellos tienen su propia historia.

Evita a las personas ruidosas y agresivas,
ya que son un fastidio para el espíritu.
Si te comparas con los demás,
te volverás vano y amargado
pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.
Disfruta de tus éxitos, lo mismo que de tus planes.


Mantén el interés en tu propia carrera,
por humilde que sea,
ella es un verdadero tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos.
Sé cauto en tus negocios,
pues el mundo está lleno de engaños.


Pero no dejes que esto te vuelva ciego para la virtud que existe, hay muchas personas que se esfuerzan por alcanzar nobles ideales,
la vida está llena de heroísmo.

Sé tú mismo,
y en especial no finjas el afecto,
y no seas cínico en el amor,
pues en medio de todas las arideces y desengaños, es perenne como la hierba.



Acata dócilmente el consejo de los años,
abandonando con donaire las cosas de la juventud. Cultiva la firmeza del espíritu
para que te proteja de las adversidades repentinas, mas no te agotes con pensamientos oscuros.


Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad. Sobre una sana disciplina,
sé benigno contigo mismo.
Tú eres una criatura del universo,
no menos que los árboles y las estrellas,
tienes derecho a existir,
y sea que te resulte claro o no,
indudablemente el universo marcha como debiera.


Por eso debes estar en paz con Dios,
cualquiera que sea tu idea de Él,
y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones,
conserva la paz con tu alma
en la bulliciosa confusión de la vida.
Aún con todas sus farsas, penalidades y sueños fallidos,
el mundo es todavía hermoso.
Sé alegre.
Esfuérzate por ser feliz.




Alfonso Guillen Zelaya
(1887-1947)

Es más conocido por su poema “Lo Esencial”, un hermoso poema que proclama la vida austera y que dignifica el trabajo. La búsqueda de la felicidad no es el fin sino que esta en el proceso. Poema que  refleja su vida, honesta y laboriosa.   Sin  esperar ser famosos o poderoso porque la dignidad del trabajo es lo que vale. En ese sentido, cada quien se hace camino al andar, y en ese camino todos son iguales. Lo mismo el carpintero que el filósofo. Lo mismo el poeta que el campesino. Este Poema reivindica el pensamiento filosófico y poético  de Guillen Zelaya. 

Lo Esencial/The Essential

Lo Esencial
Lo esencial no está en ser poeta, ni artista, ni filósofo. Lo esencial es que cada uno tenga la dignidad de su trabajo, la conciencia de su trabajo, el orgullo de hacer las cosas bien, el entusiasmo de sentirse satisfecho de querer lo suyo. Es la sana recompensa de los fuertes, de los que tienen el corazón robusto y el espíritu límpido.




Dentro de los sagrados números de la naturaleza, ninguna labor bien hecha vale menos, ninguna vale más. Todos somos algo necesario y valioso en la marcha del mundo.

El que construye la torre y el que construye la cabaña, el que teje los mantos imperiales y el que cose el traje humilde del obrero, el que fabrica las sandalias de seda imponderables y el que teje la ruda suela que defiende en la heredad el pie del trabajador.



Todos somos algo, representamos algo, hacemos vivir algo, en la siembra del grano que sustenta nuestro cuerpo vale tanto como el que siembra la semilla que nutre nuestro espíritu, como que en ambas labores hay envuelto algo trascendental noble y humano: dilatar la vida.




Tallar una estatua, pulir una joya, aprisionar un ritmo, animar un lienzo son cosas admirables, hacer fecunda la heredad estéril y poblarla de florestas y manantiales, tener un hijo inteligente y bello y luego pulirle y amarle; enseñarle a desnudarse el corazón y a vivir a tono con la armonía del mundo, esas son cosas eternas.






Nadie se avergüence de su labor, nadie repudie su obra, si en ella a puesto el afecto diligente y el entusiasmo fecundo, nadie envidie a nadie, que ninguno podrá regalarle el don ajeno, ni restarle el propio, la envidia es una carcoma de las maderas podridas, nunca de los árboles lozanos, ensanche y eleve cada uno lo suyo, defiéndase y escúdese contra toda mala tentación.




Que si en la palabra religiosa de Dios nos da el pan nuestro de cada día, en la satisfacción del esfuerzo legitimo nos brinda la actividad y el sosiego. Lo triste, lo malo, lo dañino es el enjuto del alma, el que lo niega todo, el incapaz de admirar y de querer.



Lo nocivo el es necio, el inmodesto, el que nunca ha hecho nada y lo censura todo, el que jamás ha sido amado y repudia el amor; pero el que trabaja, el que gana su pan y nutre su alegría, el justo, el noble, el bueno, para ese sacudirá el porvenir sus ramajes cuajados de flores y rocíos, ya tale montes o cincelé poemas.


Nadie se sienta menos, nadie maldiga a nadie, nadie desdeñe a nadie, la cumbre espiritual del hombre ha sido el retornar al abrazo de las cosas humildes.

The essential
The essential thing is not to be a poet, an artist, or a philosopher.
The essential thing is that each one has the dignity of his work, the conscience of his work the pride of doing things well, the enthusiasm to feel satisfied to want his own.
It is the healthy reward of the strong, of those who have a strong heart and a clear spirit.
Within the sacred numbers of nature, no work well done is worth less any better. We are all something necessary and valuable in the march of the world.
The one who builds the tower and the one who builds the hut, who weaves the imperial robes and who sews the humble dress of the worker, who manufactures imponderable silk sandals and who weaves the rough sole that defends the foot in the inheritance of the worker.
We are all something, we represent something, we make something live, in the sowing of the grain that sustains our body is worth as much as that which sows the seed that nourishes our spirit, as in both labors there is something transcendental noble and human: to dilate life.
To carve a statue, to polish a jewel, to imprison a rhythm, to animate a canvas are admirable things, to make fertile the sterile heritage and to populate it with forests and springs, to have a clever and beautiful son and then to polish and to love him; teach him to undress his heart and live in harmony with the harmony of the world, these are eternal things.

Let no one be ashamed of his work, let no one repudiate his work, if in it he put diligent affection and fruitful enthusiasm, let no one envy anyone, no one will be able to give him the gift of others, or subtract his own, envy is a rotten woods, never from the tall trees, widen and raise each his own, defend himself and stand against all bad temptation.


That if in the religious word of God gives us our daily bread, in the satisfaction of the legitimate effort gives us the activity and the calm. The sad, the bad, the harmful is the thinness of the soul, who denies everything, the incapable of admiring and of wanting.

The noxious is foolish, immodest, who has never done anything and censures everything, which has never been loved and repudiates love; but he who works, who gains his bread and nourishes his joy, the just, the noble, the good, for that will shake the future its branches, full of flowers and dew, and tale mounts or chisel poems.

No one feels less, no one curses anyone, no one despises anyone, the spiritual summit of man has been to return to the embrace of humble things



Rudyard Kipling
(1865-1936)

El poema de Kipling, es quizás su poema más conocido. “If” (Si).  También conocido como Carta de un Padre a su Hijo,  es un poema escrito en 1895. Está escrito en un tono paternal, como un consejo para el hijo del autor, «Si...» es un ejemplo literario del estoicismo de la época victoriana. Pero aun valido en nuestro mundo moderno, porque aboga por la templanza de carácter y también por la sabiduría en la relación con las personas. Si bien esta dirigido pensando en su hijo, es un poema que establece una conducta a seguir en la formación de la persona, el carácter  y la dignidad humana.





If…

If…

If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you;
If you can trust yourself when all men doubt you, But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or, being lied about, don’t deal in lies,
Or, being hated, don’t give way to hating,
And yet don’t look too good, nor talk too wise;





If you can dream – and not make dreams your master; If you can think – and not make thoughts your aim;  If you can meet with triumph and disaster
And treat those two imposters just the same;
If you can bear to hear the truth you’ve spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,



Or watch the things you gave your life to broken,
And stoop and build ‘em up with wornout tools;



If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breath a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: “Hold on”;




If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with kings – nor lose the common touch;
If neither foes nor loving friends can hurt you;
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds’ worth of distance run –
Yours is the Earth and everything that’s in it,
And – which is more – you’ll be a Man my son!




1895
Si…

Si puedes mantener la cabeza cuando todos a tu alrededor pierden la suya y te culpan por ello; Si puedes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti, pero admites también sus dudas;
Si puedes esperar sin cansarte en la espera, o, siendo engañado, no pagar con mentiras, o, siendo odiado, no dar lugar al odio, y sin embargo no parecer demasiado bueno, ni hablar demasiado sabiamente;





Si puedes soñar-y no hacer de los sueños tu maestro; Si puedes pensar-y no hacer de los pensamientos tu objetivo; Si puedes encontrarte con el triunfo y el desastre Y tratar a esos dos impostores exactamente igual, Si puedes soportar oír la verdad que has dicho retorcida por malvados para hacer una trampa para tontos,


O ver rotas las cosas que has puesto en tu vida y agacharte y reconstruirlas con herramientas desgastadas;




Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias y arriesgarlo a un golpe de azar, y perder, y empezar de nuevo desde el principio y no decir nunca una palabra acerca de tu pérdida; Si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones para jugar tu turno mucho tiempo después de que se hayan gastado y así mantenerte cuando no queda nada dentro de ti excepto la Voluntad que les dice: “¡Resistid!”





Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud
o pasear con reyes y no perder el sentido común;
Si ni los enemigos ni los queridos amigos pueden herirte;
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
Si puedes llenar el minuto inolvidable
con un recorrido de sesenta valiosos segundos.
Tuya es la Tierra y todo lo que contiene,
y —lo que es más— ¡serás un Hombre, hijo mío!


Créditos

Datos biográficos, con base a Wikipedia.  

Poemas
Desiderátum, versión bilingüe, Wikipedia.
Lo esencial, Nacer en Honduras wordpress.  Versión ingles Traductor de Google para empresas:Google Translator Toolkit. Traductor de sitios webGlobal Market /
Si… / If… (español/inglés) Rudyard Kipling, 30 noviembre, 2008 por verbiclara

Ilustraciones en orden de aparición
Foto de los poetas. Max Ehrmann, Wikipedia, A. Guillen Zelaya, La muerte de Alfonso Guillen Zelaya, El pulso, R.Kipling Blog VERBICLARA
Spring Blosson Montclair, NJ. Georges Inness, pintor norteamericano.Cortesia www.georgeinness.org/
San Antonio de Flores (Honduras), Roque Zelaya, pintor hondureño
Vapor, velocidad y fuerza, William Turner, pintor ingles


Cuento: La última lección de Brandel. Post Plaza de las palabras


 Mario A. Membreño Cedillo



Of This Time, Of That Place
Lionel Trilling 


2591 palabras
El profesor Brandel sabía de su pronta jubilación. No tenía alternativa, su retiro era obligatorio. Durante muchos años había temido ese día, se había imaginado ese día de mil modos. Cuando el temido día llegó, no hubo nada de sorprendente. Después de inspeccionar minuciosamente el salón, el profesor Brandel  escudriñó el rostro de sus alumnos como ya lo había hecho mentalmente antes de venir. No encontró en ellos nada que lo perturbara, seguían siendo los mismos alumnos de siempre. Él creía conocerlos mejor de lo que ellos se conocían. Los saludo sin mostrar ningún asomo de emoción. Sabía que era su última clase, y en el fondo eso lo aterraba porque los fines  siempre evidencian un límite; y que todo tenía una consumación. Y que al fin y al cabo, siempre habría un maldito final. Era como si la vida poliforme  y las películas efímeras fueron lo mismo.  No existía forma de escaparse de los extravagantes finales. Pero ese temor no se reflejaba en su rostro.  Él estaba seguro de su poderío; y está era su última clase,  y se  dispuso  a  impartirla  con la solemnidad,  la pasión y  el pragmatismo  de siempre.
Por fin el profesor Brandel tomó aire y pronunció algunas palabras: «Estamos aquí, es mi última clase, haremos una clase magistral sobre un gran tema que nos pellizque el alma. Hablaremos sobre la verdad y la belleza. Sí, reflexionaremos sobre la verdad y la belleza». Prosiguió balbuceando otras palabras, algo menciono sobre los griegos y cito a Goethe y guardo  silencio. Parecía como si una nueva idea estuviera tomando forma en su mente. Su rostro era inescrutable y sus alumnos lo contemplaban expectativos. Algo inédito absorbía los pensamientos del profesor Brandel, casi como si de repente hubiera comprendido algo que  siempre había estado al alcance de su mano y nunca  había podido desentrañar. Pero aún había algo más que le preocupaba y no sabia exactamente qué era.
Finalmente, pareció tomar conciencia de que no estaba seguro de nada.  Quería revelar  una verdad categórica; clausurar su clase con una reflexión hermosa como el cielo, y tan solida e inmutable como el silencio hermético de una roca; y sobretodo que fuese más  transparente que la palabra aire. Pero en la medida que reflexionaba, todo le era tan irreal como los sueños de una manada de bisontes escarlatas.  Los alumnos lo miraban y  comenzaban a preocuparse. El profesor parecía  tan incomodo;  y tan inútil como una fogata al lado de un faro. Entonces, se oyó: « ¡Profesor, profesor, profesor Brandel! ¿Se siente bien? », dijo Sussy con voz entrecortada, y poniéndole una mano sobre el hombro. «Sí», alcanzó a responderle él, con un susurro y casi contestándole involuntariamente;  mientras que la flaca y gótica Sussy volvía a su asiento. Pero aún había algo que  a Brandel le preocupaba y no sabia qué era.
 Por un momento estuvo a punto de reírse; y  pensó, de nuevo en salir al paso con alguna idea sencilla, pero profunda. Tan profunda como una risa sonora en una calle muda. Pero luego rechazaba tal intento teatral, quería encontrar una salida airosa, elegante, única. En fin esta era su última clase. Pero  ante esa verdad tan conclusiva, qué eran todos los conocimientos filosóficos, esa torre de babel interminable e inconclusa de teorías embodegadas en colosales anaqueles.  Pensó en alguna frase victoriosa de Leibniz, Spinoza o Keats, pero comprendió  que todo razonamiento era tan deshuesado, que todo discurso era tan enano, que toda frase era tan desnutrida; que la conversación del policía de la esquina era más trascendental y verdadera y musculosa.  Trató de recordar   aunque  sea  una sola  frase por la  cual pudiese  arriesgar  el alma,  dar lo mas sagrado de su vida; o por  lo menos,  encontrar  una  verdad  conquistadora; y  dar  un saludo  de  manos  certero  y cariñoso  y absoluto.
Entonces Brandel decidió encarar  a sus alumnos como lo había hecho tantas veces durante el último semestre. Pero definitivamente que ahora todos poseían algo nuevo: ellos parecían  más inteligentes, más seguros de si mismos, más clarividentes.  Era como si cada uno de ellos tuviera su propia historia y su propia verdad. Una verdad más intima,  poderosa,  y sagrada que su propia  historia. Él  se estremeció, los miro detenidamente, y con sus miradas ellos parecían decirle: «Bueno profesor Brandel, aquí estamos, usted y nosotros frente al mundo, enséñenos algo que más robusto que un fin de semana, algo tan digerible como una gaseosa; y algo que nos sirva para defendernos de los rabiosos  cuchilleros de las esquinas. Al  fin  y  al  cabo,  no somos  tan ingenuos,  ni  tan torpes, como usted  siempre  ha  creído».
Mientras tanto, el  reloj casi coincidía con las 5.00 p.m. Y el profesor Brandel lo miraba  con  resignación, casi como diciéndole: «Muy bien mi fiel amigo, hoy me marcho, pero usted mi Hermano Reloj, tiene que seguir marcando los segundos y las horas, hasta la bendita eternidad. Yo me voy y usted se queda. Enhorabuena; que afortunado, para usted nunca habrá un final». Después de eso el profesor dio unos pasos hacia adelante. Y otra idea iba tomando vuelo en su mente; una ligera risita  pareció escapársele del cerco de sus dientes, pero Stop, cambió rápido de actitud, semáforo en amarillo, reflector en el cielo. Y en aquel momento, miró con seguridad a sus alumnos. Entonces  con tono pausado pero con inclinada voz exiliada, les dijo: «Bueno muchachos, permanezcan aquí, incólumes como Zeus, vuelvo enseguida». Y al salir  los alumnos,  volvieron a  ver  el reloj.  Por un rato guardaron  silencio y  ninguno de  ellos   se   atrevió a moverse de  su  asiento. Pero  pronto, se oyó un  rumor;  y  una  legión    de  simultaneas miradas  volaban  como   pájaros  que  no   hayan   donde  mirar.
Y cuando el profesor regresó, no venía solo. Peter el tendero, el de nariz respingada, venia acompañándolo; y  empujando una enorme carretilla atiborrada de comestibles  y bebidas, que  cuidadosamente  fue poniendo sobre el  escritorio, y cuando el escritorio estaba atestado como una multitud en un callejón, siguió poniéndolos en el suelo, y desde del suelo fueron emergiendo a la vista como un rascacielos invicto. Al punto todos los ojos apuntaban disciplinados sobre Brandel, y un perfil de estupefacción les encabritaba el aliento. El profesor lucía diferente, ya no parecía el temible y legendario profesor Brandel, el de la mirada imperturbable. Y  en ese momento parecía tan humano como el vendedor de helados de Harvard Square. El profesor  tomó aire y con un tono de voz que ilustraba cierta alegría exclamó: « ¡Bueno, muchachos!, ustedes son mi última clase; y como dije al principio, viviremos la verdad y la belleza. Atraparemos  lo heroico  del  instante, alzaremos nuestros brazos de acero inoxidable y tocaremos la nariz de corcho del cielo;  haremos algo  que revolucione nuestras almas y  embosque a la razón. Algo que   podamos  recordar toda  la vida,   tendremos a party,  aquí   y   ahora». Pero todavía había algo que a Brandel le preocupaba y no sabia qué era. 
Los alumnos estaban atónitos, no sabían si el profesor bromeaba. Nadie decía nada, todos permanecían inmóviles y con un kilo de perplejidad en sus rostros. El profesor permaneció a la espera y por un  momento pareció vacilar. Entonces vio a sus alumnos y exclamo  «! Lo dije claro: una fiesta, tendremos una fiesta!» Su tono era vivaz « ¡una fiesta con vino, cerveza, gaseosas y frituras!». Vio a sus alumnos y concluyó «Ya lo dije: aquí y ahora». A continuación Brandel tomó una cerveza, la abrió y se la llevó a la boca. Fue es ese instante, cuando Lauren, el que todo lo sabia, se levantó y  camino  decididamente y echo un vistazo a lo que había sobre el escritorio. Un par de veces vio las cervezas, y luego  tomó una para comprobar si estaba fría. Y después de sonreír, vio a su profesor  y  a sus compañeros. Sin preámbulos, destapó la cerveza y dio un largo trago. Y aunque afuera no llovía, una exclamación al unísono se oyó en el salón, como si  una  bofetada de lluvia  insólita  cayera   unánime  desde  un  cielo benévolo y  misterioso.   
Todo el entramado se ejecuto milimétricamente como si alguien hubiese tocado una señal secreta, como una trompeta que anuncia la aurora, como un semáforo que da la luz verde en un túnel largo y deslumbrante. Todos se levantaron de sus asientos y se acercaron a Lauren. Mary sacó de su cartera un pequeño radio a transistores y lo encendió a todo volumen.




Era la carga de caballería ligera que venia al rescate, apertura de Jazz. Irrumpió sin permiso la  gangosa e inconfundible voz de Louis Armstrong: A what wonderful world; y una cadena cadenciosa de melodías se dejo oír en todo el reino de la improvisación. Luego  le siguió con sus ondulaciones tonales y estridencias arteras, el  más progresista  rock. Sí, We are the Champion, de los Quenns, y el fiel Michel, el de la luminosidad, reveló su rostro radiante, sus ojos brillantes y  sus  mejillas   sonrojadas; y    empezó  a  perseguir  vehementemente  la  música  y  a  cantar: We are the champions my friend /And we'll keep on fighting till the end/ We are the champions /We are the champions/No time for losers /'Cause we are the champions of the world /.  Sus movimientos rítmicos y su revolucionaria voz, convocaron  todas las miradas y pronto se formo un coro; y parecía que todos sabían cantar y que todos conocían la letra: We are the champions. Y Brandel, pasmado,  feliz y maravillado, pensaba verdaderamente en la verdad y en la belleza; mientras descorchaba una botella de vino, y los alumnos tomaban   cerveza  y  gaseosas,  y  locuaces inconmovibles hablaban  hasta  con  la  mirada:  We  are  the  champions.
El salón  se transformó en un vocerío, en la algarabía rebosante de un nuevo esqueleto imaginativo, en el colorido asimétrico del mundo, en el movimiento enigmático de las galaxias plásticas. Luego fue Michel, quien empezó a mover sus brazo al unisonó de la música y todos lo coreaban. Las voces borraron aquel silencio de papel cebolla que olía a solemnidad y archivos. Y décadas de gestos académicos y de tizas blancas  huyeron como cien pájaros de cristal por una ventana inagotable.   Mientras afuera, pasaba revista una ligera brizna de viento;  y el cielo azul exhibía su potencia verbal  y el sol irradiaba su imperio de risas amarillas. Entonces Brandel se asomó a la ventana y vio aquel Wonderful World; y volvió a pensar en la verdad y la belleza. Y encaro a sus alumnos, los vio dispersos en delirante movimiento y los vio a los ojos; a esos ojos que tantas veces lo habían visto a él. A esos ojos que tantas veces había visto sin ver. Y comprendió algo que jamás se le había ocurrido. Vio en ellos, un brillo ensordecedor, un paisaje musical, unas palabras piadosas y conmovedoras como el silencio.  Vio en esos ojos aventureros pero fieles, la felicidad del mundo, un filamento de la verdad del mundo, un espejo de las inesperadas realidades milagrosas del mundo. Y su mirada huyente, se pobló de la húmeda del mundo, del escalofrió de lo inédito, del golpe seco de la iluminación. Pero aún había algo que le preocupaba y no sabía qué era.  
Y mientras tanto la música cambiaba de ritmo, y algunos;  los más atrevidos, habían empezado  a bailar y el  resto a seguir la música con una vanguardia  unánime de aplausos. Mientras  que él,  pensativo y lejano,  ahora  departía democráticamente  con Susan, la rubia cavernosa  y con Dick, el bohemio de pelo laberíntico.  Y de nuevo acometía  una carga de  trompetas que enfilaba un ritmo apocalíptico; al principio de una descarga desobediente,  y luego desperdigando furibundos truenos sistemáticos. Después de eso,  un solitario saxofón se había echado al hombro el equipaje del mundo entero. Ahora Brandel estaba locuaz y exuberante como una calle multitudinaria,  pero todavía persistía algo que le preocupaba y no lograba recordar qué era.
En sonrisa y agradecimiento, de uno en uno, de dos en dos y de tres en tres; todos se fueron marchando. Fue Amy, la pelirroja pecosa y de lentes de carey, gruesos y graciosos, la ultima en irse; quien con una voz fina y acaramelada, le dijo: « Estuvo fantástico, Profesor Brandel.  Nunca pensé que usted era un genio. Nunca olvidaremos éste día». Y después  de darle un abrazo, ella recogió sus libros y se marchó. Y  Brandel  repitió tres veces « Nunca olvidaremos éste día».  Y esas palabras sonaron  más demoledoras que todas las verdades del mundo. Y aquella voz cremosa de Amy  la pecosa, perduraría para siempre en su memoria  Entonces Brandel se acercó a la ventana, y desde ahí vio como Amy  caminaba irredenta  como Juana de Arco por el sendero aburrido de baldosas, hasta desaparecer tras dar la vuelta al  soñoliento muro de  piedras  que separaba el campus de la festiva calle.
  Y antes de irse del salón el profesor cerró  las ventanas; y luego se  fue a sentar a su sillón. Y ahí,   por un rato permaneció en completo silencio. Y después de  levantarse,  dio una última mirada al salón. Y vio al gran reloj circular, el de la mirada eterna. Y le dijo: «Adiós mi Viejo Amigo Tiempo, ya no volveremos a conversar». Entonces se dirigió a la puerta y apagó las luces. Pero aún había algo que le preocupaba y que no lograba recordar qué era.  Entonces, él estuvo a punto de recordarlo; en la mera punta del techo de  la memoria. No se precipito, y nuevamente camino como siempre caminaba por aquel pasillo; cuando de súbito, casi instintivamente, comenzó a tararear una canción, que a medida que la tarareaba había anunciado su absoluta presencia, era una que había olvidado por completo, y que siempre le había fascinado. Y  su rostro  se ilumino, porque era una  música que solo él conocía, que nadie más había escuchado, por fin lo había recordado. Su mente se pobló de  bienaventuradas   imágenes. Y pensó en todo lo que significaba aquella música cuya invasión súbita lo estremecía. Y   que venia   desde una ensoñación de mirada abnegada,  de una mano cálida y de la voz de la mujer que lo arrullo antes de que él tuviera un rostro. Sonrió, iba feliz.  Había recuperado una imagen del mundo, había encontrado una pizca de la verdad, había recobrado un átomo de su alma.  
Algo tembloroso y revelador que había estado sepultado por millones de palabras, por los mil  añicos borrosos de la memoria, por las cuatrocientas imágenes huérfanas  que se multiplicaban infinitamente; y que sigilosamente se reproducían enmascaradas por el millón de rostros del tiempo.  Y aquel recuerdo que siempre se había resistido a emerger, irrumpía como un conquistador redentor que tocaba la canción de una puerta inmemorial, hogareña  e inmediata. ¡I am ready! exclamo Brandel casi como alguien que se apresta a correr una carrera de 100 metros en menos de diez segundos,  la carrera definitiva, el sprint final. Y  mientras  tanto seguía  caminando  por  el  largo pasillo,  cada vez más largo y más largo y más largo. Alejándose por aquel camino que cada vez era menos un pasillo y más un túnel. Y  que parecía perseguirlo, pero que en realidad era él quien lo perseguía. Era él quien marchaba invicto, y continuaba caminando totalmente; cada vez más seguro, más imperturbable y más feliz. Siempre hacia adelante, siempre guiado por la música de su alma, y que avanzaba por aquel túnel que a cada paso se abría más; y que a cada instante, se volvía  más transparente. Pero cuyo final -tan  familiar, tan nítido y tan iluminado- , era como el subway de Boston.


Fuente: Del libro Cuentos profanos, D.R. 2004 Ilustraciones en orden de aparición: El rostro del tiempo, Collage musical (con base a Google imágenes e imágenes de Plaza de las palabras), Estación Subway.  Crédito Plaza de las palabras (2016).