Arte surrealista

Reproducción prohibida (1937)


   En La reproducción prohibida, Magritte, nos presenta a un hombre joven de pie, de espaldas, frente a un espejo que no devuelve su cara sino la repetición de su dorso. Un espejo no posee capacidad de decisión, pero limagen especular es presencia de un referente que no puede estar ausente. Nuestra vacilación perceptiva frente al cuadro queda paliada con el libro reflejado convencionalmente. Podríamos aducir que este espejo no invierte izquierda y derecha sino frente y dorso, sin embargo, un espejo no invierte nuestra figura, refleja lo que se le muestra. ¿Se tratará, entonces de la misma persona? ¿Es real o virtual?

Como podemos apreciar, la imagen se presenta desde la perspectiva de un tercero, separado del espejismo y el objeto que lo produce. Este observa de manera inquietante el hombre ante el espejo y la fantasmagórica reproducción de su torso, por lo tanto la reproducción del joven no depende ni de la situación ni de su propio cuerpo, depende de la percepción de aquel sujeto inquietante al que llamaremos “tercero”. Su percepción constituye dentro del cuadro la virtualidad real que lo caracteriza, pues de su acto de consciencia nace lo “imposible” que además de nacer como concepto formal se da en el mundo, es decir, supone una realidad creada desde su propio acto de conciencia, donde lo percibido o incluso imaginado aparece como real en su pensamiento y se da como objetivamente verídico en el mundo.

La facultad imaginativa (1948)


   Nos encontramos ante un nido, donde una vela intenta cumplir la función maternofiliar de incubar los huevos presentes en el nido, de manera que los polluelos (en el supuesto de que sean estos) que se encuentran dentro de los huevos creerán a ciencia cierta de que es su madre quien les proporcionar el calor que tanto necesitan.
Esto me conduce a afirmar que no importa, en este caso, de quien proporcione el calor; lo que realmente posee relevancia es la percepción sensatoria del mismo, con lo cual aunque polluelos no conozcan verdaderamente el origen del mismo, se mantendrá en la indubitabilidad de su percepción inmanente y afirmaran una y otra vez, si pudiese, que fuera del caparazón se encuentra su progenitora proporcionándoles el calor que tanto necesitan.
En otras palabras, aunque lo ideado ( el calor) dentro de nuestra idea ( el calor de la madre) no se corresponda con lo dado, posee toda la legitimidad del mundo para ser real, pues lo ideado (la madre) pose formalmente  todo lo necesario para corresponderse con la idea ( el calor de la madre), del mismo que esta posee también toda legitimidad objetiva, es decir la idea posee formalmente todo lo necesario para darse objetivamente en el mundo ( la madre que incuba los huevos).

Golconda (1953); El castillo de los pirineos (1959)

   Magritte en muchos de sus cuadros nos saca a gente con chaqueta y bombín, sin cabeza o tapada, dejandonos ver que el hombre ya no tiene identidad, que el capitalismo esta haciendo que todo sea una producción en masa y en serie, incluso las personas, perdiendo así la identidad y siendo simples mercancias. Este ejemplo se ve en Golconda un cuadro donde salen hombres de chaqueta multiplicados, flotando en el aire con casas iguales a su alrededor.
Al igual que en otros cuadros nos muestra a este hombre capitalista como un trozo de piedra, ya que es igual de frío y duro, y pintándolos en lugares absurdos diciendonos que este hombre capitalista de hoy esta perdido en el universo

La firma en blanco (1965)



   Una mujer cabalga sobre un ágil caballo. La jinete oculta un árbol, y el árbol la oculta a ella, sin embargo podemos afirmar que  nuestro intelecto comprende ambas cosas, lo visible y lo invisible. El pensamiento sabe que un objeto oculta a otro, pero lo ocultado no es en sí mismo invisible porque sigue estando allí, mostrándose, por lo tanto lo invisible no se constata mas allá que siendo visibilidad obstruida, donde detrás del objeto que se superpone, sigue brillando la visibilidad  de otro, un paisaje, un rostro. Si viéramos a través del objeto que oculta, veríamos lo visible que sigue estando presente. El ojo no puede ver a través de la solidez de un objeto, pero eso no quiere decir que, lo que hay detrás no exista, es decir, los fenómenos no precisan de nuestra presencia para acontecer, pero si para ser “objetos”.

En términos kantianos, la visibilidad del los fenómenos que aparecen en el cuadro no dependen de la imagen misma, sino que depende una y exclusivamente del sujeto que la experiencie, que bajo sus condiciones de posibilidad de la experiencia (visión) únicamente capta los fenómenos que se dan  y que posteriormente mediante la deposición de su haber categorial habrá alcanzado la objetividad sobre lo que es visible,  y lo que no dentro del cuadro. Es decir, somos nosotros mismos quienes depositamos sobre el cuadro nuestras categorías vacias de contenido para enjuiciar que es lo visible y que lo invisible, de modo que nuestra certeza jamás superará la objetividad. Con lo cual si es mi visión la que constituye la visibilidad de los objetos y esta la que legitima mi visión, lo invisible e invisible del la obra depende de nuestro acto perceptivo de conciencia.

Siguiendo la lógica de Kant, puede constarse que aunque si podremos constatar la visibilidad o invisibilidad de los objetos del cuadro, jamás podremos captar la visibilidad o invisibilidad, que el cuadro posee, en sí misma.


Fuente: http://obrarenemagritte.blogspot.com/