Selección de poemas de Francis Ponge. Edición Bilingüe. Post Plaza de las palabras



Plaza de las palabras, en su seccion Poetas presenta a Francis Jean Gaston Alfred Ponge (1899-1988), «fue un ensayista,poeta france.  En muchas ocasiones, combinó ambas -el ensayo  y el poema para unirlas en una sola forma artística. En su trabajo acaso más famoso Le Parti pris des choses (1942)  (a menudo traducido como De parte de las cosas), describió meticulosamente cosas comunes como las naranjas, las patatas y los cigarrillos, en un tono poético, pero con un estilo personal y en párrafos (prosa poética), como en un ensayo. » (1)

El poeta catalán Josep Carner dijo de Francis Ponge que. «Querría no sólo expresar las cosas, sino hacerlo tal como ellas mismas lo harían si no fueran inmóviles y mudas» (2), Ponge que fascinó a Sartre (nada inclinado a la poesía) y le hizo decir: «No creo que nunca se haya ido tan lejos en la aprehensión del ser de las cosas En él están ya fuera de tiempo materialismo e idealismo.»Y Albert Camus lo situó muy dentro de la dialéctica del absurdo:  «Por primera vez un libro me hace sentir que lo inanimado es una incomparable fuente de emociones para la sensibilidad y la inteligencia»: Comentario  que nos recuerda a Cèzanne, pintor tan estudiado por poetas y escritores. Por su parte Octavio Paz  llamo a Ponge el «descubridor de los objetos».   Una vez, Ponge confiándose a Philippe Soller, sobre su poema La ponme, (La manzana) le dijo: «Habré dado cuenta-un poco-de la manzana, si he conseguido un texto que posea en el mundo de los textos una realidad algo parecida  a la manzana en el mundo de los objetos». Curiosamente Ponge era un poeta que decía de si mismo, «yo no soy poeta».»
  

El nudo gordiano  en Ponge era más que describir una realidad objetiva o de apropiarse de las cosas. Para él el visado del pasaporte era asunto del lenguaje. Liberar la palabra de sus convencionalismos.  El uso de la materia prima del lenguaje: la palabra y las  significaciones que palpitan en ella. Una nueva mirada de ver otras cosas en las cosas ya vistas. No buscaba una fenomenología de las cosas sino una fenomenología de las palabras.  También afirmaba, y puede ser tenido como un credo:« ¡Oh, recursos infinitos de la densidad de las cosas, traducido por los recursos infinitos de la densidad  de las palabras ¡» (3)

 
Jacket on a chair,  Paul Cézanne, pintura estilo: Posimpresionismo, período Final, 1892

Este trabajo de Cézanne, es sintomático e inusual, es un saco tirado sobre una silla, donde el artista explora la rugosidad y los pliegues. La posición del saco no parece natural sino que ha sido colocado deliberadamente de tal manera. La parte superior del abrigo sugiere un escarpado o una ladera rocosa de una montaña. Y esto en relaciona la observación en el poema  El pan (incluido en esta selección) en que Ponge cree adivinar en la rugosidad y panorámica del pan: Los Alpes, el Tauro o la Cordillera de los Andes. No es acaso en ambos, Cézanne y Ponge el mismo proceso mental. La exploración extrema de las potencialidades de las cosas y la naturaleza. El uno por medio de la pintura el otro por medio del lenguaje. El uno orientado hacia una ontología esencial de lo visual, el otro proyectado hacia  una ontología estética de las palabras. Ambos en esencia poetas, Cézanne poeta del paisaje, Ponge poeta de las palabras.

Pero hay más, Ponge habla de la banalidad de las cosas. Pero nos enseña que hasta en la palabra más humilde o convencional, existen realidades y vivencias; digamos significaciones que escapan a una simple y superficial mirada. En cada palabra convive un universo de posibilidades. Hay que colonizar las palabras. Solo pensemos en las palabras: Metamorfosis, Proceso y Castillo. Cada una de esas palabras inmediatamente genera múltiples imágenes sensaciones  e ideas. Sin contar en esa banalidad y sencillez, que como observo Ernesto Sábato, en El escritor y sus fantasmas: Kafka, llevo  a su máxima posibilidades con sus novelas La metamorfosis, El proceso y El castillo.

Por supuesto puede haber algo de absurdo en ciertas relaciones o imágenes que Ponge presenta. Como la de querer ver una cadena montañosa en la panorámica de un pan. Pero comemos pan todos los días, y seguramente hay  miles de formas de presentación de un pan. Y aunque cada quien con su imaginación, o abriendo el archivero de la memoria uno no encuentra muchos ejemplos al respecto. Aun con esos abundantes ejemplos que poetas hacen de analogía del cuerpo de una mujer con la geografía terrestre o sideral. Pero si comprendemos el llamado de Ponge a saber ver las cosas y explorarlas; sino en todas sus posibilidades, si filtrarlas y armarlas con una mirada escrutadora y nueva.

 Y más que poner algún ejemplo moderno, nos remitimos a la antigüedad.  Rememorar una  escena, casi conocida de todos,  en el nuevo testamento, esa escena de la última cena de Cristo reunidos con sus discípulos, cuando Cristo les ofrece  a sus discípulos, pan y vino, y les dice éste es mi cuerpo (dándole un pedazo de pan) y esta es mi sangre (dándole un vaso de vino). Y que palabras mas sencillas que «pan y vino».  Pero ese par de palabras, pan y vino, muy   pocos la asociarían al cuerpo y a  la sangre. Seguramente, todos conocemos, creyentes y no creyentes, esa escena de la última cena. Y seguramente, muchas veces en la vida toda hemos comido pan y tomado vino. Pero, raramente, pensaríamos al comer pan que es el cuerpo de Cristo o al tomar una copa de vino que es la sangre de Cristo. Y lo mismo sucede casi con todas las palabras, nunca entramos a ellas, sino que las dejamos pasar. Pero Ponge, tomo un puñado de ellas y nos la dejo pasar.                        

No obstante Ponge se desmarca, de afirmar que es poeta y de cualquier etiqueta para su obra.  Escribía Ponge: «Las cosas son cotidianas, deliberadamente elegidas por su aparente banalidad.» Y acerca se su obra La parte de las cosas decía: «Nada más banal que lo que me ocurre, ni más simple que la solución del problema que se me plantea. Mi pequeño libro: De parte de las cosas, que apareció hace casi seis años, dio lugar desde entonces a un determinado número de artículos críticos – en general bastante favorables – que hicieron conocer mi nombre en algunos círculos incluso más allá de las fronteras de Francia. Aun cuando los textos muy breves de los que se compone ese ínfimo conjunto no contienen explícitamente ninguna tesis filosófica, moral, estética, política o de otro tipo, la mayoría de los comentaristas brindaron interpretaciones derivadas de esas diversas disciplinas.» Taller para poemas inexplicables. Sidi-Madani, sábado 10 de enero de 1948. (4)



 “Creo que el escritor debe escribir contra todo lo que se ha escrito antes de él”. Francis Ponge
L'on ne peut sortir de l'arbre par des moyens d'arbre.
De Faune et flore, Francis Ponge
Si alguna vez los objetos pierden para ustedes su gusto, observen entonces, con un partido ya tomado, las insidiosas modificaciones suscitadas en sus superficies por los sensacionales aconteceres de la luz y del viento, según la fuga de las nubes, según se apague o se encienda tal o cual grupo de lámparas del día,
 (…)
La presencia de los objetos, su evidencia concreta, su espesor, sus tres dimensiones, su lado palpable, indudable, su existencia de la que estoy más seguro que de la mía, todo eso es mi única razón de ser, mi pretexto propiamente dicho; y la variedad de las cosas es en realidad lo que me construye.
El partido de las cosas, Francis Ponge



Selección de poemas de Francis Ponge por Plaza de las palabras

El agua  (L'eau), El pan (Le pain), La naranja (L’orange), La ostra (L'huître), Mi árbol (Mon arbre), El fuego (Le feu), El molusco (Le mollusque),  Lluvia (Pluie), La fauna y la flora (Faune et flore), Los placeres de la puerta (Les plaisirs de la porte).



El agua

Más abajo que yo, siempre más abajo que yo está el agua. Siempre la miro con los ojos bajos. Como el suelo, como una parte del suelo, como una modificación del suelo.

Es blanca y brillante, informe y fresca, pasiva y obstinada en su único vicio: el peso; y dispone de medios excepcionales para satisfacer ese vicio: contornea, atraviesa, corroe, se infiltra.

En su propio interior funciona también el vicio: se desfonda sin cesar, renuncia a cada instante a toda forma, sólo tiende a humillarse, se acuesta boca abajo en el suelo, casi cadáver, como los monjes de ciertas órdenes. Cada vez más abajo: tal parece ser su divisa: lo contrario de excelsior.

Casi se podría decir que el agua está loca, por esa histérica necesidad de no obedecer más que a su peso, que la posee como una idea fija.

Es verdad que todas las cosas del mundo conocen esa necesidad, que siempre y en todas partes debe satisfacerse. Este armario, por ejemplo, se muestra muy testarudo en su deseo de adherirse al suelo, y si algún día llega a encontrarse en equilibrio inestable preferirá deshacerse antes que oponérsele. Pero, en fin, hasta cierto punto juega con el peso, lo desafía: no se está desfondando en todas sus partes; la cornisa, las molduras no se prestan a ello. Hay en el armario una resistencia en beneficio de su personalidad y de su forma.

Líquido es, por definición, lo que prefiere obedecer al Peso para mantener su forma, lo que rechaza toda forma para obedecer a su peso. Y lo que pierde todo su aplomo por obra de esa idea fija, de ese escrúpulo enfermizo. De ese vicio, que lo convierte en una cosa rápida, precipitada o estancada, amorfa o feroz, amorfa y feroz, feroz taladro, por ejemplo, astuto, filtrador, contorneador, a tal punto que se puede hacer de él lo que se quiera, y llevar el agua en caños para después hacerla brotar verticalmente y gozar por último de su modo de deshacerse en lluvia: una verdadera esclava.

...Sin embargo el sol y la luna le envidian esta influencia exclusiva, y tratan de mortificarla cuando, por ocupar grandes extensiones, les presenta un fácil blanco, o cuando se encuentra en estado de menor resistencia, dispersa en delgados aguazales. El sol le arranca entonces mayor tributo. La obliga a un perpetuo ciclismo, la trata como a una ardilla en su rueda.

El agua se me escapa... se me escurre entre los dedos. ¡Y no sólo eso! Ni siquiera resulta tan limpia (como un lagarto o una rana): me deja huellas en las manos, manchas que tardan relativamente mucho en desaparecer o que tengo que secar. Se me escapa, y sin embargo me marca; y poca cosa puedo hacer en contra.

Ideológicamente es lo mismo: se me escapa, escapa de toda definición, pero deja en mi espíritu, y en este papel, huellas, huellas informes.

Inquietud del agua: sensible al menor cambio de declive. Que salta las escaleras con los dos pies al mismo tiempo. Que, pueril de obediencia, abandona en seguida sus juegos cuando la llaman cambiándole la dirección de la pendiente.

De L'eau

Plus bas que moi, toujours plus bas que moi se trouve l'eau. C'est toujours les yeux baissés que je la regarde. Comme le sol, comme une partie du sol, comme une modification du sol.

Elle est blanche et brillante, informe et fraîche, passive et obstinée dans son seul vice : la pesanteur; disposant de moyens exceptionnels pour satisfaire ce vice : contournant, transperçant, érodant, filtrant.

A l'intérieur d'elle-même ce vice aussi joue : elle s'effondre sans cesse, renonce à chaque instant à toute forme, ne tend qu'à s'humilier, se couche à plat ventre sur le sol, quasi cadavre, comme les moines de certains ordres. Toujours plus bas: telle semble être sa devise : le contraire d'excelsior.

On pourrait presque dire que l'eau est folle, à cause de cet hystérique besoin de n'obéir qu'à sa pesanteur, qui la possède comme une idée fixe.

Certes, tout au monde connaît ce besoin, qui toujours et en tous lieux doit être satisfait. Cette armoire, par exemple, se montre fort têtue dans son désir d'adhérer au sol, et si elle se trouve un jour en équilibre instable, elle préférera s'abîmer plutôt que d'y contrevenir. Mais enfin, dans une certaine mesure, elle joue avec la pesanteur, elle la défie : elle ne s'effondre pas dans toutes ses parties, sa corniche, ses moulures ne s'y conforment pas. Il existe en elle une résistance au profit de sa personnalité et de sa forme.

liquide est par définition ce qui préfère obéir à la pesanteur, plutôt que maintenir sa forme, ce qui refuse toute forme pour obéir à sa pesanteur. Etqui perd toute tenue à cause de cette idée fixe, de ce scrupule maladif. De ce vice, qui le rend rapide, précipité ou stagnant; amorphe ou féroce, amorphe et féroce, féroce térébrant, par exemple; rusé, filtrant, contournant; si bien que l'on peut faire de lui ce que l'on veut, et conduire l'eau dans des tuyaux pour la faire ensuite jaillir verticalement afin de jouir enfin de sa fagon de s'abîmer en pluie : une véritable esclave.

... Cependant le soleil et la lune sont jaloux de cette influence exclusive, et ils essayent de s'exercer sur elle lorsqu'elle se trouve offrir la prise de grandes étendues, surtout si elle y est en état de moindre résistance, dispersée en flaques minces. Le soleil alors prélève un plus grand tribut. Il la force à un cyclisme perpétuel, il la traite comme un écureuil dans sa roue.
*
L'eau m'échappe... me file entre les doigts. Et encore! Ce n'est même pas si net (qu'un lézard ou une grenouille) : il m'en reste aux mains des traces, des taches, relativement longues à sécher ou qu'il faut' essuyer.

Elle m'échappe et cependant me marque, sans que j'y puisse grand-chose.
Idéologiquement c'est la même chose : elle m'échappe, échappe à toute définition, mais laisse dans mon esprit et sur ce papier des traces, des taches informes.
*
Inquiétude de l'eau : sensible-au moindre changement de la déclivité. Sautant les escaliers les deux pieds à la fois. Joueuse, puérile d'obéissance, revenant tout de suite lorsqu'on la rappelle en changeant la pente de ce côté-ci.

El pan

La superficie del pan es maravillosa en principio a causa de esa impresión casi panorámica que ofrece: como si tuviéramos a disposición de la mano Los Alpes, el Tauro o la Cordillera de los Andes.
De esta manera, entonces, una masa amorfa eructando fue deslizada para nosotros en el horno estelar, donde, endureciéndose, se plasmó en valles, crestas, ondulaciones, grietas…Y desde entonces todos estos planos claramente articulados, todas estas losas delgadas donde la luz con aplicación tiende sus fuegos –sin un vistazo a la blandura innoble subyacente.
Ese frío y descuidado subsuelo que llamamos miga tiene un tejido similar al de las esponjas; ahí, hojas y flores son como hermanas siamesas unidas por todos los codos a la vez. Cuando el pan se seca, sus flores se marchitan y se encogen: se separan las unas de las otras, y la masa se puede desmenuzar.
Pero cortémosla acá: porque el pan en nuestra boca debe ser menos objeto de respeto que de consumo.

Le pain

     La surface du pain est merveilleuse d'abord à cause de cette impression quasi panoramique qu'elle donne : comme si l'on avait à sa disposition sous la main les Alpes, le Taurus ou la Cordillère des Andes.
     Ainsi donc une masse amorphe en train d'éructer fut glissée pour nous dans le four stellaire, où durcissant elle s'est façonnée en vallées, crêtes, ondulations, crevasses... Et tous ces plans dès lors si nettement articulés, ces dalles minces où la lumière avec application couche ses feux, - sans un regard pour la mollesse ignoble sous-jacente.
     Ce lâche et froid sous-sol que l'on nomme la mie a son tissu pareil à celui des éponges : feuilles ou fleurs y sont comme des sœurs siamoises soudées par tous les coudes à la fois. Lorsque le pain rassit ces fleurs fanent et se rétrécissent : elles se détachent alors les unes des autres, et la masse en devient friable...
     Mais brisons-la : car le pain doit être dans notre bouche moins objet de respect que de consommation.

La naranja

Al igual que la esponja, la naranja busca recuperar su compostura tras pasar por la prueba de haber sido estrujada. Pero si bien la esponja lo consigue siempre, la naranja jamás, porque sus células ya estallaron, sus tejidos están ya desgarrados. Mientras externamente va de a poco recobrando su forma gracias a su elasticidad, se ha derramado un líquido de ámbar, acompañado de un frescor y de perfumes suaves, es verdad, pero también muchas veces de la amarga conciencia de que han sido expulsadas antes de tiempo sus pepitas.

¿Hay que tomar partido entre estas dos maneras de soportar la opresión? La esponja es puro músculo, y se llena de viento, del agua limpia o sucia, según el caso, y esta gimnasia es innoble. La naranja es más refinada, pero demasiado pasiva -y ese fragante sacrificio… es en verdad hacerle las cosas muy fáciles al opresor.

Pero no es suficiente para hablar de la naranja con haber recordado su manera específica de perfumar el aire regocijando a su verdugo. Es necesario destacar también el tono glorioso del consiguiente líquido que, mejor que el jugo del limón, obliga a la laringe a abrirse con generosidad para decir la palabra y para tomarlo, sin muecas aprensivas, sin rispidez en las papilas gustativas.

Y uno se queda sin palabras para contar la admiración que despierta la envoltura de la tierna, frágil y rosada esfera en este espeso papel secante húmedo en donde la epidermis extremadamente fina pero muy pigmentada, hirientemente sápida, tiene el punto justo de rugosidad que permite retener dignamente la luz sobre la forma perfecta de la fruta.

Pero al final de un estudio demasiado breve, hecho lo más rotundamente posible, es necesario ir al grano: la semilla, parecida a un minúsculo limón, tiene el color de la madera blanca del limonero, y por dentro es de un verde de arveja o de brote nuevo. Y allí se puede reencontrar, después de la explosión sensacional del farol veneciano de sabores, colores y perfumes que es la esfera frutada en sí misma, la relativa dureza y el verde (no desprovisto por cierto de sabor) de la madera, de la rama y la hoja: un resumen pequeño pero que ciertamente es la razón de existir de la fruta.




L’orange

Comme dans l’éponge il y a dans l’orange une aspiration à reprendre contenance après avoir subi l’épreuve de l’expression. Mais où l’éponge réussit toujours, l’orange jamais : car ses cellules ont éclaté, ses tissus se sont déchirés. Tandis que l’écorce seule se rétablit mollement dans sa forme grâce à son élasticité, un liquide d’ambre s’est répandu, accompagné de rafraîchissement, de parfums suaves, certes, — mais souvent aussi de la conscience amère d’une expulsion prématurée de pépins. 

Faut-il prendre parti entre ces deux manières de mal supporter l’oppression ? — L’éponge n’est que muscle et se remplit de vent, d’eau propre ou d’eau sale selon : cette gymnastique est ignoble. L’orange a meilleurs goût, mais elle est trop passive, — et ce sacrifice odorant… c’est faire à l’oppresseur trop bon compte vraiment. 

Mais ce n’est pas assez avoir dit de l’orange que d’avoir rappelé sa façon particulière de parfumer l’air et de réjouir son bourreau. Il faut mettre l’accent sur la coloration glorieuse du liquide qui en résulte et qui, mieux que le jus de citron, oblige le larynx à s’ouvrir largement pour la prononciation du mot comme pour l’ingestion du liquide, sans aucune moue appréhensive de l’avant-bouche dont il ne fait pas hérisser les papilles. 

Et l’on demeure au reste sans paroles pour avouer l’admiration que suscite l’enveloppe du tendre, fragile et rose ballon ovale dans cet épais tampon-buvard humide dont l’épiderme extrêmement mince mais très pigmenté, acerbement sapide, est juste assez rugueux pour accrocher dignement la lumière sur la parfaite forme du fruit. 

Mais à la fin d’une trop courte étude, menée aussi rondement que possible, — il faut en venir au pépin. Ce grain, de la forme d’un minuscule citron, offre à l’extérieur la couleur du bois blanc de citronnier, à l’intérieur un vert de pois ou de germe tendre. C’est en lui que se retrouvent, après l’explosion sensationnelle de la lanterne vénitienne de saveurs, couleurs, et parfums que constitue le ballon fruité lui-même, — la dureté relative et la verdeur (non d’ailleurs entièrement insipide) du bois, de la branche, de la feuille: somme toute petite quoique avec certitude la raison d’être du fruit.

La ostra


La ostra, del grosor de una piedra mediana, tiene una apariencia más rugosa, un color menos uniforme, brillantemente blancuzco. Es un mundo obstinadamente cerrado. Sin embargo se lo puede abrir: es necesario entonces sostenerla en el hueco de un repasador, usar un cuchillo quebrado y sin filo, volver a intentarlo varias veces. Los dedos curiosos se cortan al hacerlo, las uñas se rompen: es un trabajo grosero. Los golpes que se le hacen marcan su envoltura de redondeles blancos, de una especie de halo.
En el interior encontramos todo un mundo, para beber y comer bajo un    firmamento (literalmente hablando) de nácar, los cielos de arriba se inclinan sobre los cielos de abajo, hasta formar sólo un charco, una bolsita viscosa y verduzca, que fluye y refluye para el olor y la vista, enmarcada por una puntilla negruzca en los bordes.
Alguna vez muy rara una fórmula perla en su garganta de nácar, con lo cual enseguida encontramos con qué adornarnos.
 

L'huître

      L'huître, de la grosseur d'un galet moyen, est d'une apparence plus rugueuse, d'une couleur moins unie, brillamment blanchâtre. C'est un monde opiniâtrement clos. Pourtant on peut l'ouvrir : il faut alors la tenir au creux d'un torchon, se servir d'un couteau ébréché et peu franc, s'y reprendre à plusieurs fois. Les doigts curieux s'y coupent, s'y cassent les ongles : c'est un travail grossier. Les coups qu'on lui porte marquent son enveloppe de ronds blancs, d'une sorte de halos.
      A l'intérieur l'on trouve tout un monde, à boire et à manger : sous un firmament (à proprement parler) de nacre, les cieux d'en dessus s'affaissent sur les cieux d'en dessous, pour ne plus former qu'une mare, un sachet visqueux et verdâtre, qui flue et reflue à l'odeur et à la vue, frangé d'une dentelle noirâtre sur les bords.
      Parfois très rare une formule perle à leur gosier de nacre, d'où l'on trouve aussitôt à s'orner.


Mi árbol

Mi árbol en un siglo todavía tergiversado,
Erguido en el bosque de las razones eternas.
Lentamente, crecerá y formara hojas,
Como el más impresionante será reconocido más tarde.

Pero entonces acometerá una tormenta o silencio,
Su voz contra el viento esgrimirá cien argumentos,
Y si parece trémulo por nuevos sacrificios,
Más bien, él querrá deshacerse de él demasiado

[Ciencia.


Mon arbre

Mon arbre dans un siècle encor malentendu,
Dressé dans la forêt des raisons éternelles
Grandira lentement, se pourvoira de feuilles,
A l'égal des plus grands sera tard reconnu.

Mais alors, il fera l'orage ou le silence,
Sa voix contre le vent aura cent arguments,
Et s'il semble agité par de nouveaux tourments,
C'est qu'il voudra plutôt se débarrasser de son trop de

[science..

El fuego

El fuego hace una programación:
 primero todas las llamas se dirigen en alguna dirección... 
(No podemos cotejar el avance del fuego con el de los animales: 
Uno debe abandonar un lugar para ocupar otro; avanzar a la vez  como 
una ameba culebrea 
con un pie y como una jirafa, salta de su cuello)...
Y mientras las masas abrasadas por el fuego colapsan, los gases que huyen 
se transfiguran en una sola bandada de mariposas.
 
Le feu

Le feu fait un classement : d'abord toutes les flammes se dirigent en quelque sens...
(L'on ne peut comparer la marche du feu qu'à celle des animaux : il faut qu'A quitte un endroit pour en occuper un autre; il marche à la fois comme une amibe et comme une girafe, bondit du col, rampe du pied)...
Puis, tandis que les masses contaminées avec méthode s'écroulent, les gaz qui s'échappent 
sont transformés à mesure en une seule rampe de papillons.

El molusco

El molusco es un ser —casi una— cualidad. No necesita armazón, sino sólo una muralla; es algo como el color en un tubo. 

La naturaleza renuncia aquí a la presentación del plasma en forma. Sólo muestra que se interesa por él al protegerlo cuidadosamente dentro de un joyero, cuya cara interior es la más bella.

No es, pues, un simple esputo, sino una realidad de las más preciosas.

El molusco está dotado de una potente energía para encerrarse. No es en verdad más que un
músculo, un gozne, un blount * y su puerta.

El blount que ha segregado la puerta. Dos puertas ligeramente cóncavas constituyen su morada   entera.

Primera y última morada. Se aloja en ella hasta después de su muerte.
Nada que hacer para sacarlo vivo.

La menor célula del cuerpo del hombre se sujeta así, y con esta fuerza, a la palabra —y recíprocamente.

Pero a veces otro ser viene a violar esta tumba, cuando está bien hecha, y a establecerse en el lugar del constructor difunto.

Es el caso del ermitaño.




Le mollusque

Le mollusque est un être - presque une - qualité. Il n'a pas besoin de charpente mais seulement d'un rempart, quelque chose comme la couleur dans le tube.
La nature renonce ici à la présentation du plasma en forme. Elle montre seulement qu'elle y tient en l'abritant soigneusement, dans un écrin dont la face intérieure est la plus belle.
Ce n'est donc pas un simple crachat, mais une réalité des plus précieuses.
Le mollusque est doué d'une énergie puissante à se renfermer. Ce n'est à vrai dire qu'un muscle, un gond, un blount et sa porte.
Le blount ayant sécrété la porte. Deux portes légèrement concaves constituent sa demeure entière.
Première et dernière demeure. Il y loge jusqu'après sa mort.
Rien à faire pour l'en tirer vivant.

La moindre cellule du corps de l'homme tient ainsi, et avec cette force, à la parole, — et réciproquement.
Mais parfois un autre être vient violer ce tombeau, lorsqu'il est bien fait, et s'y fixer à la place du constructeur défunt.
C'est le cas du pagure.


Lluvia

La lluvia, en el patio donde la miro caer, cae con apariencias muy diversas. En el centro, forma una delgada cortina (o red) discontinua, de una caída implacable pero relativamente lenta de gotas probablemente bastante livianas, una precipitación sempiterna, sin vigor, una fracción intensa de meteoro puro. A poca distancia de los muros a izquierda y derecha, caen ruidosamente gotas más pesadas, individuadas. Aquí parecen tener el grosor de un grano de trigo, allí el de un guisante, más allá el de una cuenta. Sobre los listeles, sobre las balaustradas de la ventana corre la lluvia horizontal mientras que sobre la faz interior de estos mismos obstáculos queda suspendida como caramelos de forma convexa. Según la superficie toda del pequeño techo de zinc que domina la mirada, corre en pequeños arroyitos de colores cambiantes a causa de las tan variadas corrientes que se desprenden de las imperceptibles ondulaciones y resaltos del techo. Desde el canalón adyacente en el cual se desliza contenida en un cauce hueco sin mayor pendiente, cae súbitamente como un hilo perfectamente vertical, trenzado bastante groseramente, hasta chocarse con el suelo donde resurge bajo la forma de brillantes agujas. Cada una de estas formas tiene un apariencia particular, y a cada una responde un ruido particular. El todo vive con una intensidad como si se tratara de un complicado mecanismo, tan preciso como azaroso, como el de un reloj cuya cuerda es el peso de una determinada masa de vapor en precipitación.  El timbre al tocar el suelo los hilos verticales, el gluglú de las goteras, los minúsculos toques de gong se multiplican y resuenan a la vez en un concierto sin monotonía, no sin delicadeza. Cuando se le acaba la cuerda, algunos engranajes continúan funcionando por un tiempo, se vuelven cada vez más lentos y luego toda la maquinaria se detiene. Entonces, si el sol reaparece, todo se borra rápidamente, el aparato brillante se evapora: ha llovido.

 

Pluie 

La pluie, dans la cour où je la regarde tomber, descend à des allures très diverses. Au centre c'est un fin rideau (ou réseau) discontinu, une chute implacable mais relativement lente de gouttes probablement assez légères, une précipitation sempiternelle sans vigueur, une fraction intense du météore pur. A peu de distance des murs de droite et de gauche tombent avec plus de bruit des gouttes plus lourdes, individuées. Ici elles semblent de la grosseur d'un grain de blé, là d'un pois, ailleurs presque d'une bille. Sur des tringles, sur les accoudoirs de la fenêtre la pluie court horizontalement tandis que sur la face inférieure des mêmes obstacles elle se suspend en berlingots convexes. Selon la surface entière d'un petit toit de zinc que le regard surplombe elle ruisselle en nappe très mince, moirée à cause de courants très variés par les imperceptibles ondulations et bosses de la couverture. De la gouttière attenante où elle coule avec la contention d'un ruisseau creux sans grande pente, elle choit tout à coup en un filet parfaitement vertical, assez grossièrement tressé, jusqu'au sol où elle se brise et rejaillit en aiguillettes brillantes.



Los placeres de la puerta

       Los reyes no tocan las puertas.
       No conocen esa felicidad: empujar hacia adelante con suavidad o violencia uno de esos grandes tableros familiares, volverse hacia él para ponerlo otra vez en su lugar: tener en nuestros brazos una puerta.
       La felicidad de empuñar por su nudo de porcelana el vientre de uno de esos altos obstáculos de una sola pieza; ese rápido cuerpo a cuerpo mediante el cual, detenido el andar por un instante, la mirada se extiende y el cuerpo entero se acomoda a su nueva habitación.
       Con una mano amistosa la reitene aún, antes de volver a empujarla con decisión y encerrarse: de lo que el ruido del pestillo potente pero bien aceitado le ofrece agradable confirmación

 

 

Les plaisirs de la porte


Les rois ne touchent pas aux portes.
Ils ne connaissent pas ce bonheur : pousser devant soi avec douceur ou rudesse l'un de ces grands panneaux familiers, se retourner vers lui pour le remettre en place, — tenir dans ses bras une porte.
... Le bonheur d'empoigner au ventre par son nœud de porcelaine l'un de ces hauts obstacles d'une pièce; ce corps à corps rapide par lequel un instant la marche retenue, l'œil s'ouvre et le corps tout entier s'accommode à son nouvel appartement.
D'une main amicale il la retient encore, avant de la repousser décidément et s'enclore, — ce dont le déclic du ressort puissant mais bien huilé agréablement l'assure.



Fauna y Flora

Fragmento  

La fauna se mueve, mientras que la flora se despliega a la vista.
Toda una especie de seres animados está directamente asumida por el suelo.
Tienen en el mundo su puesto asegurado, así como deben a la antigüedad su decoración.

Diferentes en esto a sus hermanos vagabundos, no son sobreañadidos al mundo, importunos al suelo. No vagan en busca de un lugar para morir, aunque sus restos, como los de los otros, sean absorbidos por la tierra cuidadosamente.
No hay ninguna preocupación alimenticia o domiciliaria en ellos, ningún entre-devorarse: no hay terrores ni carreras dementes, ni crueldades ni quejas ni gritos ni palabras. No son
los cuerpos segundos de la agitación, de la fiebre y del crimen.

Desde su aparición a la luz, tienen casa propia en la calle o en el camino. Sin preocupación alguna por los vecinos, no entran los unos en los otros por la vía de la absorción. No salen los unos de los otros por gestación.

Mueren por desecación y caída al suelo o, más bien, por hundimiento sobre su mismo lugar; raras veces por corrupción.

Su infierno es de otra índole.

No tienen voz. Son, poco más o menos, paralíticos. No pueden llamar la atención sino por sus poses. No dan la impresión de conocer los dolores de la no-justificación. Pero no podrían, de ningún modo, escapar de esta obsesión por la fuga, o creer escapar de ella, con la embriaguez de la velocidad. No hay más movimiento en ellos que la extensión. Ningún gesto, ningún pensamiento, tal vez ningún deseo, ninguna intención poseen que no culmine en un monstruoso acrecentamiento de su cuerpo, en una irremediable excrecencia.

En la primavera, cuando, cansados de contenerse y no soportándolo más, dejan escapar una oleada, un vómito de verde, y creen entonar un cántico variado, salir de sí mismos, extenderse a toda la naturaleza, abrazarla, no logran todavía más que, por millares de ejemplares, la misma nota, la misma palabra, la misma hoja.

No se puede salir del árbol por los medios del árbol.


Faune et flore

La faune bouge, tandis que la flore se déplie à l'œil.
Toute une sorte d'êtres animés est directement assumée par le sol.
Ils ont au monde leur place assurée, ainsi qu'à l'ancienneté leur décoration.

Différents en ceci de leurs frères vagabonds, ils ne sont pas surajoutés au monde, importuns au sol. Ils n'errent pas à la recherche d'un endroit pour leur mort, si la terre comme des autres absorbe soigneusement leurs restes.

Chez eux, pas de soucis alimentaires ou domiciliaires, pas d'entre-dévoration : pas de terreurs, de courses folles, de cruautés, de plaintes, de cris, de paroles. Ils ne sont pas les corps seconds de l'agitation, de la fièvre et du meurtre.

Dès leur apparition au jour, ils ont pignon sur rue, ou sur route. Sans aucun souci de leurs voisins, ils ne rentrent pas les uns dans les autres par voie d'absorption. Ils ne sortent pas les uns des autres par gestation.

Ils meurent par dessication et chute au sol, ou plutôt affaissement sur place, rarement par corruption.

Aucun endroit de leur corps particulièrement sensible, au point que percé il cause la mort de toute la personne. Mais une sensibilité relativement plus chatouilleuse au climat, aux conditions d'existence.

Ils ne sont pas... Ils ne sont pas-

Leur enfer est d'une autre sorte.

Ils n'ont pas de voix. Ils sont à peu de chose près paralytiques. Ils ne peuvent attirer l'attention que par leurs poses. Ils n'ont pas l'air de connaître les douleurs de la non-justification. Mais ils ne pourraient en aucune façon échapper par la fuite à cette hantise, ou croire y échapper, dans la griserie de la vitesse. Il n'y a pas d'autre mouvement en eux que l'extension. Aucun geste, aucune pensée, peut-être aucun désir, aucune intention, qui n'aboutisse à un monstrueux accroissement de leur corps, à une irrémédiable excroissance.

Ou plutôt, et c'est bien pire, rien de monstrueux par malheur : malgré tous leurs efforts pour 

L'on ne peut sortir de l'arbre par des moyens d'arbre.


Notas bibliográficas

1. Wikipedia, entrada Francis Ponge
2. E.Dobry, Ponge, Reinventar la poesía. El país, 24 dic. 2005
3. Entrada Francis Ponge, Diccionario La Literatura. Dirección Bernard Gros, Versión en español Editorial El mensajero, Bilbao    
4. «De parte de las cosas» (fragmentos) –Francis Ponge. En Poéticas en diáspora, Blog de Arturo Borra, martes 10 de noviembre 2009



Créditos

Traducciones

El agua por  J. L. Borges, Blog Biblioteca Ignoria El pan por Nicolás Vilela, Blog Taller de Escritura, La Naranja por Alejandro Crotto, blog Poesía La ostra por Annick Louis en blog La Biblioteca de Marcelo Leites.  Mi Árbol por Plaza de las Palabras,  El fuego por Plaza de las palabras, El Molusco por  Antonio Casado. En el volumen recopilatorio: La soñadora materia (Galaxia Gutenberg, 2006), La Lluvia por Florence Baranger-Bedel, El placer de las puertas por Raúl Gustavo Aguirre Poesía francesa del siglo XX traducida por Raúl Gustavo Aguirre / Poetas franceses contemporáneos (De Baudelaire a nuestros días). Fauna y Flora (fragmento), en  Poéticas en Diáspora blog de Arturo Borra     

Ilustraciones

Francis Ponge, foto
Jacket en una silla, Cézanne, 1892.
Francis Ponge, foto
Naranjas, foto Google Imagen
Lluvia, dibujo Google imagen
Francis Ponge con abrigo, foto
Árbol en Socotora, foto, por Beth Moon   
Francis Ponge tras una puerta, foto
Portada del libro Le parti pris des choses