Reflexión: Hastió y esperanza

Hastío y esperanza





     Seguro que como yo, algunos de vosotros está cansado de historias tan fugaces que se van tan fácilmente como el maquillaje de la noche anterior, de recuerdos prestados, esos que nunca serán nuestros,  de pieles que nunca pedimos sentir, de silencios prolongados.

     Cansada de maletas sin un lugar de destino, de personas que se cruzan en mi camino sin aportarme nada, de momentos que nunca elegí por propio criterio, de la falta de madurez y responsabilidad disfrazadas de modernidad.
     Cansada también de que intenten hacerme creer que soy lo que nunca fui, de palabras sin sentido, de verdades a medias y mentiras disfrazadas de sinceridad. De cabezas vacías, de que todo vale, de consejos banales que nunca pedí, de caminos que no conducen a ningún lugar.
     A veces pienso que es tremendamente difícil encontrar a alguien que no se crea con el permiso y la autoridad de querernos cambiar, de pasarnos la carga emocional de su mochila, cuando la nuestra, la mía, la vacié  hace mucho tiempo. A alguien, que no piense que ofreciéndonos ser el segundo plato en su vida saltaremos de gozo a sus brazos.
     Y aún cansada, sigo buscando. Porque me niego a creer que estoy en una vía muerta, porque me conozco y reconozco que soy fuerte, y aún llena de miedos, trato de batallarlos minuto a minuto y cuando me fallan las fuerzas me limito a convivir con ellos. Porque en el fondo, tengo fe en el ser humano y fe en mi misma.
     Sigo buscando y mi esperanza aunque malherida, sigue en pie, porque mi alma se alimenta de ilusiones, porque tú, como yo, merecemos la pena ser descubiertos.


     "Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano". Martin Luther King