Cuento: Alfonsina (o la cosa más extraña) (Cuento experimental)

Alfonsina  (o la cosa más extraña)
 (Cuento experimental)

Tercera entrega 

Mario A. Membreño Cedillo, (Escritor Hondureño)


“The estrange thing was, he said, how they screamed every night at midnight.” On the “Quay at Smyrna”.  Ernest  Hemingway.

“The woods are lovely, dark end deep, /But I have promise to keep, /and miles to go before I sleep;/… “. “New Hampshire”. Robet Frost.
                                                                        
Il s´agit de savoir  si quelque  chose meurt  de cette soirée ou si quelque chose  y commence, dit –elle doucement. «Le Défi».  P. Sollers


Selecciones 
X  LA COSTUMBRE SE DESPEREZA
Lo raro -dijo él- es que ella nunca faltaba los domingos”. El no recordaba uno solo de los domingos del año, en que ella no hubiera venido. Ella se preparaba desde un día antes; y siempre que se le avisaba con tiempo, enseguida ella misma comunicaba a sus  tías. Él sabía que ellas eran muy correctas, de esas señoras chapadas a la antigua, de porte grave y mirada discreta. Siempre pulcramente vestidas, siempre con las palabras precisas y  colgadas de la puntualidad de  las campanas de la catedral. El  solo una vez las pudo ver, las vio entrando muy ceremoniosamente a la iglesia Veracruz, cerca de la calle Rosal. Pero ellas no lo conocían y si lo hubiesen conocido, no lo podían haber visto porque él  siempre pasaba por la acera del frente presurosamente, rumbo a la estación del metro. Sin embargo, ambas confiaban en el recto juicio de su sobrina, a quien  concebían, sin duda,  una peregrina extensión de sus ojos. Un día ya por la noche, una de las tías  hasta lo llamó por teléfono  y le dio las gracias en nombre de ambas, aunque aún hoy él no sabe por qué. El nunca le dijo a ella que sus tías le habían llamado y tampoco ella le hizo a él  ninguna alusión a la llamada  la cual  había sido hecha casi al inicio de sus visitas al parque. Él  tomó aquella llamada por lo que era: un acto de cortesía y una clara señal de que él era bien visto por ellas, pero también comprendió que aquella llamada era un  delicado aviso de que las tías, implacables  como una concatenada  legión espartana, estarían  sobre él.

XI UNA FORMA MUSICAL SE PIERDE

El día en que Alfonsina no llegó, en el parque ocurrió algo inusual. Ese domingo apareció en el parque un vagabundo al cual él nunca había visto. Usaba una indumentaria holgada, raída y gris, que, curiosamente le sentaba bien. Sobre su cabeza llevaba un sombrero de fieltro, y del hombro le colgaba un bolso de cuero. El tipo halló una banca que sorprendentemente, estaba desocupada a la orilla de una de las avenidas del parque. Después  que se sentó, sacó  del bolso de cuero un lustroso clarinete y  empezó a tocar una suave melodía, la gente lo observaba al pasar, y uno que otro transeúnte se detenía; y poco a poco se fue agolpando una gran cantidad de curiosos, que escuchaban embelesados  al vagabundo, quien tocaba inclinando ligeramente hacia delante su cuerpo, mientras que sus manos largas y pálidas, con ágiles dedos recorrían los agujeros  y manipulaban las llaves del clarinete; y sus labios, delgados y enérgicos, se templaban y destemplaban en la embocadura del clarinete. Él lo tocaba con los ojos cerrados, y los abría cuando el sudor empezaba a correr por su rostro, entonces dejaba de tocar, sacaba intempestivamente un pañuelo blanco, pasándoselo tan fuertemente por el rostro, que uno creería que aquel tipo quería borrarse de una solo pasada el alma. Entonces, volvía a meter el pañuelo en su bolsillo, alzaba su vista,  y al verse cercado por los  curiosos que lo observaban, se levantaba franqueando el cerrado círculo, alejándose sin decir una palabra, y sin voltear una sola vez a ver atrás, se alejaba rotundamente de la vista de todos. Pero poco después ellos lo volvieron a ver, esta vez él tocaba bajo de un inmenso castaño, y la gente nuevamente se arremolinaba a su alrededor. Esta vez ellos decidieron acercarse un poco más, y ya  frente a él, lo oyeron  tocar durante un  largo rato. Súbitamente el vagabundo abrió sus ojos, alzó su vista, y al volver a verse rodeado de paseantes se levantó de nuevo. El se fue, se fue. Se fue por entre los árboles; ellos lo siguieron, lo siguieron  con la mirada hasta verlo perderse entre los árboles, él se perdió detrás de  la arboleda como solo alguien diestro se pierde entre los árboles, because ( “the woods  are lovely, dark, end deep”). Who haven’t it reading?.

XIV UNA ECUACIÓN ESCURRIDIZA

Me quede  pensativo, sin responderle, nos fuimos  en silencio. De repente ella farfulló algo, luego, tomando la palabra dijo con calculada certeza:

-Pues si, el flautista y el clarinetista son la misma persona; o ambos son la misma cosa, entonces tendríamos que ver ahora mismo un cóndor volando sobre el aplomado cielo de Santiago. Instintivamente los dos levantamos la vista al cielo, y los dos vimos exactamente lo mismo: no había portentosos cóndores conmoviendo el cielo, ni había veloces pájaros surcando  el aire; y salvo,  una retahíla de negras nubes que empezaban a formarse provenientes de la nevosa cordillera y una abigarrada coloración de luces en la coraza del horizonte: el cielo estaba invicto, inmóvil y azul.
-           
-          Quizá el cóndor –dijo ella- se transformó en nube. Aquel sortilegio me pareció tan gracioso que le dije en tono casi afirmativo: “Quizá”, va caminando por ahí, for the forest, for the woods, yet there are enough road by to walk. And (“The woods are lovely, , dark, and deep”)
-          -Sabes, ¿deberíamos estar en el Normandía?- dijo sorpresivamente él, mientas ella parecía pensar lo que él acababa de decir. Pero ella  no pensaba en eso sino en: “( But I have promises to keep”)
-           
.¿ En el Normandía? Pregunta ella.
       -Si, en el Normandía- reitera él.
       - Y no crees que es lo mismo que estar aquí
       - Quizá, podrían salir cóndores y nubes y búfalos  ¿no crees?
       - De verdad, ¿iremos? Pregunta ella con un tomo de incredulidad
 -Al tiro, sí crees en cóndores y nubes. ¿Por qué no creer que iremos?                                      
      - Bromeas, sabes que a esa hora estaré en mi casa.
       -¿Pensando en cóndores y nubes?
                -No, no, pensado en el cine Normandía.
      -¿Y yo dónde estaré?
      -Por supuesto, en el Normandía
      -¿Qué irán a exhibir?
       -¿En dónde?
       -En el Normandía
       -Of course, “Nubes y cóndores”
        -But, we are here and not there.
        -It´s the same , estamos aquí boca arriba...
        -Esperando que las nubes se conviertan en cóndores
         -No, no, we were waiting here that ours transformed in clouds.
                               - ¿O en cóndores?

XVI EL DESCUBRIMIENTO DE LA INOCENCIA

De la enramada nos fuimos hacia unos árboles de frondosa copa. Pensamos que la lluvia, -que ya había amainado-, no nos mojaría. Pero cuando llegamos a los impasibles árboles, estábamos empapados. Ella usaba una blusa generosamente  blanca de manga corta y le resbalaba  de la cintura  una falda a cuadros que le colgaba hasta las  esponjosas rodillas. Tenia la blusa  pegada al  blando cuerpo y la falda  que le estrechaba la cintura parecía haber aumentado de peso, por su frente le resbalaban  hilos de agua y le corrían gotas de sudor, y su pelo en bucles parecía haberse alisado. Le ofrecí mi chaqueta de cuero, que ella rechazó  con un movimiento de cabeza, más afanada en  arreglarse sus zapatos de color claro que habían cambiado a un color oscuro. Después de haberse quitado las calcetas, repentinamente se desabotonó la blusa e imperturbable se la quitó, quedando al descubierto un sostén transparente que también lucía empapado. Cambié de vista mientras ella enrollaba la blusa  y la exprimía con toda  fuerza, hasta que la blusa quedo hecha un pequeño amasijo que cabía en la huequedad que formaban la desnudez cremosa  de  sus finas  manos. Y vaya curiosidad, sin que yo se lo dijese, ella empezó, casi instintivamente  a verse las manos. Mientras yo veía como ella inconscientemente se veía las manos. Y las manos se tocaban, una a la otra como si fuesen dos palomas que  impensadamente estaban besándose después de despertarse. Then, (”The woods are lovely, dark in deep… and miles to go before I sleep”)
*Escrito en octubre de 2002. Revisión de estilo junio 2005. No publicable (borrador).
** cuento experimental e inédito con los  22 capítulos  programáticos que tiene la versión  original.  ***Escritor hondureño.