Alfonsina (Cuento experimental) 2da. entrega

6/1/14


Mario A. Membreño Cedillo**

“The estrange thing was, he said, how they screamed every night at midnight.” Quay at Smyrna,  E. Hemingway.

“The woods are lovely, dark end deep, /But I have promise to keep, /and miles to go before I sleep/…“New Hampshire” R.Frost.
                                                                       
Il s´agit de savoir  si quelque  chose meurt  de cette soirée ou si quelque chose  y commence, dit –elle doucement. « Le Défi».  P. Sollers



 Composicion,Lo visible y lo invisible M.A.Membreño Cedillo, (2006)

Selecciones***

 VIII. LA AGLOMERACIÓN ES UNA ISLA

 Todo a la vista, viento en popa y a toda vela. Las escenas pasan como un tren a medianoche aunque no fuese medianoche, sino una mañana diáfana de un domingo aún más diáfano. Entonces un tren en la mañana abriendo en dos la campiña. They had been walking by the woods, porque  Ils  marchaient pour foret. Pero no era un bosque sino un parque a las nueve en punto de la mañana. Recuerdo el llanto de una guagua  en brazos que estaba justamente delante de nosotros, su madre que nos daba la espalda, lo cargaba sobre su hombro  derecho, y parecía más preocupada por levantar su brazo izquierdo, atenta a ordenar un par de helados, como si ya estuviese frente al mostrador. Al corrernos a droite, avanzamos unos pasos hasta toparnos con un señor de cabello hirsuto, que una vez que nos lanzó una mirada  cabezudamente despreciativa, se desplazó hacia delante dejando un recoveco, que rápidamente fue ocupado. Pronto nos lamentamos con la mirada de no habernos movido inmediatamente. De haberlo hecho habríamos  quedado en una perspectiva de ir posteriormente hasta el asta que se erigía sin bandera como una lanza de esas que se ven en alguno de los  cuadros del Greco. (Pero el conde de Orgaz no estaba aquí él estaba allá en el cuadro rodeado de picas y lanzas que parecían levantar un horizonte erizado de astas). Entonces,  después del asta enfilarnos culebreando  hasta   quedar frente al mostrador a casi a un estruendo de pedir la orden. Pero eso no sucedió así, se llevo a cabo de otra manera tras una larga lucha cuerpo a cuerpo. Mientras tanto, ligeramente a la  gauche de nosotros se movía una masa de verde montaña que no era una montaña, sino una señora que lavaba puesto un buzo deportivo de color verde de montaña, gafas negras y visera de cuero; y que durante toda su espera había estado  levantando sus brazos alternamente, como si hubiera estado dando vía. Entonces uno fácilmente se podría imaginar que ella  tenía un banderín  rojo en su mano izquierda y uno verde en su mano derecha. Pero no era una montaña verde sino un banderín verde. Nadie le hacia caso porque todos solamente tenían su vista fija en el mostrador que se antojaba tan lejano como una isla que solamente es una línea sobre un horizonte repleto de cabezas.

Un poco más adelante  descansaba la madre con la guagua que lloraba, y que ya para entonces había dejado de llorar; mientras ella, después de una tenaz lucha grecorromana,  había logrado colarse entre la gente, imponiendo frenéticamente su perfil izquierdo. However,  su perfil derecho iba quedándose rezagado, mientras tanto con su mano derecha acolchaba al niño que lucia tan remoto como una criatura  que sueña, pero el niño no dormía ni tampoco soñaba, nos veía testarudamente a nosotros con una mirada glacial. Después que la madre llego  al mostrador, y por fin, ser atendida entre un alivio en su rostro y un mar de manos estiradas, que se movían nerviosamente como  solo se mueven nerviosamente las sardinas. Se empezó a sentir un movimiento, al principio fue casi imperceptible; pero paulatinamente  fue tomando fuerza, la gente era empujaba hacia delante  provocando también un reflujo hacia atrás Las estocadas se repitieron  varias veces, asemejando una marea que sube y baja o un vaivén al que hay que someterse siguiendo los dictados de  una fuerza imponderable. A la fois, hacia nuestra derecha, sobresalían como torreones medievales las cabezas de dos mujeres que no cesaban  de gritar. They were very high, voluminosas como la mantequilla y pesadas como si fuesen un cuerpo tallado en pura roca. Mujeres  tout à fait, corpulentas, de anchos hombros y trenzas largas y trenzas negras. Muy cerca de ellas despuntaba una espectacular rubia de boina roja  que prefería hacer señas con la mano de su brazo derecha y cuando se cansaba  sacaba oportunamente su brazo izquierdo, y su mano izquierda se empezaba a mover como si estuviese nadando. Mientras que con la otra sostenía un abanico que nunca usaba.  Pero nadie la notaba porque lo hacia tan rápido que siempre parecía la misma mano. A poca distancia de ella estaba un tipo  calvo que se había quitado su camisa y la agitaba, como si estuviera escribiendo en el aire su  repentina  impaciencia. Desde un extremo de la aglomeración que cada vez era más amorfa, sonaron voces, voces llegaron  desde el fondo de la muchedumbre que lo instaron a ponerse la camisa, ellos coreaban un estribillo, que el aire desvanecía a dentelladas. El hombre calvo no se dio por aludido, y en su lugar empezó a tocar con sus manos su  brillante calva como si fuera la  hoja sonora de un  tambor tembloroso que alguien toca en el llano. A su par había un  joven fornido que no le quitaba el ojo a la rubia de boina roja, él parecía querer decirle algo a la rubia de la boina roja, pero vacilaba olímpicamente; hasta que al fin algo le dijo, pero ella no le contestó.Est ce que, no la oía, o casually she no lo veía, because he wasn’t the one she want to see. Alors, nous voulions  avancer, mais  de loin, desde muy  atrás llegaban gritos y empujones. Llegaban como puñaladas finas y rápidas. Luego se iban intempestivamente como una bandada rebelde y gris  de pájaros azules. Los torreones medievales ya se habían movido, avanzaban pesadamente acercándose a un muro imbatible. Mientras un horizonte de murmullos  iba petit a petit  subiendo de tono, como sube entre gruñidos la crecida de un río. El joven fornido seguía insistiendo sin quitarle el ojo a la boina roja, solicitaba con la perseverancia de un molino de viento, una vez más volvió a soltarle unas palabras  a la rubia de la boina roja, pero ella solo miraba fielmente hacia delante. Y el joven fornido,  parecía querer decirle algo a la rubia de la boina roja pero vacilaba olímpicamente, hasta que al fin algo le dijo pero ella no le contestó. Est ce que , no la oía, o casually  she no lo veía, because  he wasn’t  the one she want to see. Alors, nous voulions  avancer, mais  de loin. Mientras tanto, un ligero temblor movió las inhiestas cabezas y simultáneamente los firmes cuerpos de una franja de gente se empezaron agitar,  como si fuesen árboles mecidos desde sus raíces  por una mano invisible. Eran unos niños que iban abriéndose paso entre las piernas de la gente y una selva de risas, y que después de un sinuoso recorrido habían alcanzado uno de los descansillos intactos del mostrador. Cuando la mujer con el niño se movió, ya con el helado en alto, nos apunto un cuidadoso vistazo, y mientras el niño esta vez nos veía con la apacible curiosidad de unos ojos que tiernamente preguntaban. Bientot, olvidamos la mirada glacial  tallada en piedra y nos movimos hacia delante con los ojos tiernos del niño, siguiéndonos como un cálido atardecer, hasta que alcanzamos uno de los extremos frente al mostrador. Para ese entonces, y  atrás de nosotros, un mar de ojos nos miraba como cristos crucificados con sus brazos extendidos así como Gauguin pintaba sus cristos. Nos refugiamos algunos momentos contra una pared  postiza que estrechaba el área de los mostradores; y desde ahí vimos, sobre la multitud cuadrada de colores, hacia el campo. Un sol brillando en rojos y amarillos hervía de fondo a un horizonte de cabezas. Y los torreones medievales seguían conquistando sinuosamente las miradas empinadas. Las dos juntas caminaban, abriendo un sendero en el bosque de cuerpos, una guerra de gestos se desato entre cuerpos tercamente aferrados a no ceder  y cuerpos que se apartaban como frágiles hojas. Al mismo tiempo la escultural muchacha de la boina roja ya había desistido de seguir  haciendo señas al aire  y se marchaban resignadas, abriéndose paso a pura miradas, y detrás de ella el molino de viento la seguía gruñendo como un viento verde.. Y desde atrás renacía otra  camarilla de niños que iniciaba nuevamente un temblor que tenazmente  abría en dos la  muchedumbre, como si fuese un Mar Rojo. Ils allaient cheminant sur le eau. C´est vrai…. ils  avaient …they had walked by the waters. Pero, ¿por qué no haber entrado tranquilamente en el Normandía?

XIII. UNA COSA ES MUCHAS COSAS.
Caminamos pensativos por el parque aún con las palabras del viejo a cuestas. Y con la repentina figuración  de que un cóndor aleteaba poderosamente  por encima de nuestras cabezas..-Será -dijo ella- el mismo.-¿Cuál mismo?- Le pregunté.
-El flautista y el clarinetista
-Ese viejo no sabe lo que dice- le  contesté.
-¿No oíste lo del cóndor? -preguntó con voz irónica.- Esas son tonterías Ese viejo jamás ha estado en París.
-¿Cómo lo sabes? -preguntó ella con tono de duda.
-No lo sé, le contesté lacónicamente. Pero hay cosas que así son, aunque no las sepamos.-Así que así es –dijo ella-Así es -dijo él- Así son las cosas, un árbol es un árbol y una nube es una nube ¿Por qué complicarse? ...-¿Y no crees que una cosa puede ser algo más que una simple cosa? Afirmo ella enfáticamente.-I don’t believe so.-Que una cosa puede ser muchas cosas y que a su vez muchas cosas puedan ser  solamente una definitiva cosa- Ella lo dijo como si no hubiese escuchado el “don”t believe so” de él.-No lo veo así, el mundo no es tan complicado. Dijo él.-Really, ¿crees lo que dices?
-Así lo veo todos los días  ¿No lo ves?-No, no lo creo así. Si así fuera, el mundo funcionaria correctamente. Pero no es así... ¿no lo crees?....                                                         

  XIX. LA SORPRESA DEL INSTANTE
-Lo raro- dijo ella - fue aquel enjambre de voces en el Normandía.-Lo raro-dijo él- fueron aquellas mujeres en el metro.-¿Cuáles mujeres?-  Pregunta ella.-La de los cartelones...parecían tan reales.-No las vi, nunca veo a la gente en el metro-dijo ella
-¿Viste la fuente? Le interrogo él.-¡Viste como se desarmaba el chorro! Enfatiza ella. Luego callo y agrego:
-Lo raro  fue ese tropel de gente que seguía al clarinetista.
-Lo raro -dijo ella- es como se nos olvidaron las gaseosas.-Lo raro eran sus ojos ¿los viste?- inquirió él.-Lo raro fue su mirada. Era como si lo supiera todo, ¿no lo crees?-Lo raro fue –dijo  ella- aquel niño que nos seguía con la vista.
-Lo raro fue como la madre llega al mostrador ¿Te fijaste?-Lo raro -dijo -él- es porqué la esposa le contó al heladero que no le habíamos pagado los sorbetes del domingo pasado.-Lo raro -dijo él- es como ese perro negro perseguía al hombrecito de negro.
-Lo raro -dijo ella- es como el parque se quedó vacío después de la lluvia.
-¿Oíste el ruido en lo alto?-Pregunto él.-¿Cuál ruido?-Parecía el ruido de aviones-dijo él.-¿No serian cóndores?-Concluye ella.-Lo raro fue aquella carrera de paraguas, ¿de dónde salieron tantos?-Lo raro fueron aquellos destellos, ¿los viste?- Pregunto ella.-No era acaso un fotógrafo...afirmo él.-No vi ningún fotógrafo...venían de varias partes...-Lo verdaderamente extraño -dijo -él- es que ella no haya venido.
-Si -dijo ella- con un gesto de sorpresa, ya casi lo había olvidado.
 Por algún rato se  quedaron pensativos. Él rompió el silencio y dijo:
-Lo raro fue ese viejo barbado.
-Lo raro fue eso del cóndor-resalto  ella.-¿Cuál cóndor?- Pregunto él.-¿No lo sentiste? Le recrimina ella.-No, no sentí nada... ¿Viste como se puso la cordillera?-No vi nada raro en la cordillera- contesta ella.-¡Qué raro que tu no haya visto la cordillera ¡ ¿En qué pensabas cuando caminabas?-Pensaba en muchas cosas, no en la cordillera.-¿En muchas cosas? No se puede pensar en muchas cosas- dijo él.-Lo raro –dijo ella-fueron aquellas palomas esperándonos en la cornisa.-¿Te fijaste como se movían?- Pregunto él.-Nunca les había visto-dijo ella resignadamente.-Lo realmente raro -dijo ella y lo dijo acentuando la voz- fue ese policía. ¿De dónde habrá venido?-Si -dijo él- lo raro es como él se esfumó.- ¿Adónde habrá ido? –Preguntó ella.-¿Quien? ... ¿El policía? Preguntó él.-No, ¿A dónde habrá ido ella? –Preguntó ella.-Seguramente no quiso venir –dijo él.-Quizá confundió el día -dijo ella- o al fin decidió irse para Valparaíso.-¿No eran sus padres  de Concepción? preguntó él.-Si, pero ellos vivieron en  Valparaíso.-¿Se habrá ido a Llanquihue?-¿O a lo mejor al Normandía? Acaso...-Sabes, lo raro es que estemos aquí.
-Sí. Aquí boca arriba.-¿Dónde estará?-Seguramente, no aquí...-Sí, ella esta allá y nosotros aquí.-¿Oíste?
-¿El qué?
-¿El ruido al otro lado de la pared?- Quizá es un  gato.-Los gatos no hacen ese ruido.-Si, entonces será el señor de al lado.-Quizá...-Pero no importa él esta ahí y nosotros estamos acá.-Pero si nosotros no estamos acá, sino aquí...-¿Dónde estará ella?
-¿Estará en el parque?-¡Que importa! Nosotros estamos aquí, ella esta allá y el gato de al lado vaya saber donde está...-¿Que raro?
-¿Qué es raro?
-No había gatos en el parque.-No los viste...pero por ahí han de haber andado.-Sabes no recuerdo haber visto el sol,  ¿no te parece raro?
-Así son ellos...nunca se sabe.-¿De que hablas?-De los gatos.
-Yo hablaba del sol...-Sabes, lo raro fue habernos echado boca arriba sobre la grama.
-Eso no tiene nada de raro.-Lo raro es que estemos  las dos bocas arriba aquí.-Eso no es raro sino extraordinario.-Nunca te había oído esa palabra...-Entonces, ¿qué será lo extraño?-Que ella no hubiese venido.-Eso solo es raro.-Lo extraño es que ella hubiese venido.-¿Lo crees así...? No, pero es extraño.-¿La extrañas?-No te parece que fue hace una vida que se fue...-¿No te parece extraño?...-¿Oíste? Seguramente es el gato...esta por aquí.-¿Dónde estará?-¿Quién?...





*Escrito en octubre de 2002.  Cuento experimental e inédito con los  23 capítulos  programáticos que tiene la versión  original.
 **Escritor hondureño.